El desafío de la construcción en el extremo sur 

El proyecto del complejo deportivo 18 de Septiembre, construido por Bravo Izquierdo no solo constituye una infraestructura deportiva notable, sino también un legado de eficiencia energética y gestión de recursos que marca el camino para futuras construcciones en Chile.

El extremo sur plantea desafíos y oportunidades tan complejos como estimulantes para el sector construcción, dado el carácter único del clima que distingue a la zona. Así, el Complejo Polideportivo 18 de Septiembre, emplazado en el barrio homónimo de la ciudad de Punta Arenas, se erige hoy como un símbolo de que construir con estándares de sustentabilidad no es un desafío futuro sino una realidad de hoy.

El coordinador de Gestión y Sostenibilidad de la constructora Bravo Izquierdo, Raimundo Bravo, relata que el desarrollo de este proyecto representó “un desafío único y una oportunidad de demostrar nuestra capacidad para llevar a cabo proyectos complejos en condiciones difíciles”, pues la empresa cuenta con más de 50 años de experiencia haciendo frente a las particularidades del clima chileno. 

“Nuestra presencia en la región desde 1984 nos ha permitido establecer un conocimiento profundo de las condiciones locales, lo que fue fundamental para el éxito de este proyecto”, detalla.

¿Cuál fue el objetivo principal del proyecto y qué lo hace especial para la comunidad?El objetivo principal fue construir una infraestructura deportiva de calidad, accesible y sustentable que pudiera ser un punto de encuentro para la comunidad del barrio 18 de Septiembre. Lo que lo hace especial es que, al estar ubicado en una zona histórica de la ciudad, refleja el esfuerzo colectivo de los residentes, quienes desde sus inicios han trabajado de manera autogestionada para mejorar su entorno. Este centro deportivo se convierte en un símbolo de progreso y cohesión para un barrio que ha sido testigo de constantes desafíos y transformaciones. Además, al incorporar estándares de sostenibilidad y eficiencia energética, el proyecto responde y fortalece las necesidades actuales de la comunidad, además de establecer un legado para futuras generaciones.

¿Qué aspectos del diseño y la construcción fueron clave para cumplir con los requisitos CES?

Los aspectos claves en este proyecto fueron la eficiencia energética, la gestión del agua y los materiales y la calidad del ambiente interior. El diseño se centró en optimizar el consumo de energía, incorporando soluciones innovadoras para la iluminación, ventilación y aislamiento térmico, lo cual es esencial en un clima tan frío como el de Punta Arenas. Además, se priorizó el uso de materiales locales y reciclables, minimizando el impacto ambiental del proyecto.

Un tema no menor fue implementar un programa de seguimiento y control de materiales y residuos en la obra, proceso clave para garantizar la sostenibilidad del proyecto. Para lograrlo, Bravo Izquierdo estableció rigurosos procedimientos que garantizaran el correcto almacenamiento, utilización y gestión de los materiales. “La segregación y el reciclaje de residuos fueron fundamentales en cada etapa de la obra. Aunque aún es un desafío la gestión de residuos en la industria de la construcción, esta experiencia fue muy positiva ya que se hizo posible el reducir el impacto ambiental, contribuyendo a una construcción más sostenible”, comenta el profesional.

Uno de los principales desafíos técnicos del proyecto fue garantizar que la infraestructura cumpliera con los requisitos de eficiencia energética, considerando las condiciones climáticas extremas de Punta Arenas. El aislamiento térmico y las soluciones para la calefacción y ventilación fueron fundamentales en este proceso. “Además, el clima extremo también presentó dificultades logísticas, como el transporte de materiales, pero gracias a nuestra experiencia en la región, pudimos superar estos obstáculos”, explica.

Para Bravo Izquierdo, la aplicación de la certificación CES fue un proceso acucioso en términos de tiempo y recursos, pero completamente alcanzable, “especialmente por nuestra experiencia en proyectos del MOP”, indica Bravo y añade que incorporaron nuevas mediciones a sus estándares, “pues creemos que este tipo de certificación es muy valiosa a largo plazo”.

¿Cómo ven la importancia de la certificación CES para la industria de la construcción en Chile?

La certificación CES es de gran importancia para la industria de la construcción en Chile, ya que impulsa la construcción de edificios más sostenibles, eficientes y responsables con el medio ambiente. La demanda de proyectos sustentables está en constante crecimiento, y contar con una certificación reconocida permite a las empresas destacarse y ser más competitivas en un mercado que valora cada vez más la sostenibilidad, y fomenta una cultura de construcción más consciente de los recursos y el impacto ambiental.

¿Qué mensaje le darían a otras constructoras o mandantes que están evaluando certificar proyectos con CES?

A otras constructoras y mandantes les diríamos que la certificación CES es una inversión a largo plazo que no solo mejora la calidad de los proyectos, sino que también fortalece la reputación de la empresa como responsable y comprometida con la sostenibilidad. Aunque el proceso puede requerir un esfuerzo adicional, los beneficios en términos de eficiencia operativa, ahorro de recursos y el reconocimiento en el mercado lo hacen altamente valioso. Los invitamos a sumarse a esta tendencia de construir con conciencia ambiental y ser parte del cambio hacia un sector más sustentable.

Avances en CES Aeropuertos: el despegue de un Chile sustentable

El Tercer Comité Consultivo del estudio liderado por la Dirección de Aeropuertos del MOP reveló los resultados finales y los nuevos parámetros de la Certificación Edificio Sustentable (CES) adaptados al sector aeroportuario, marcando un compromiso decisivo con la sostenibilidad.

En el marco del Tercer Comité Consultivo del estudio “Investigación y Análisis de Parámetros para la Certificación de Proyectos de Infraestructura Aeroportuaria Sostenible”, liderado por la Dirección de Aeropuertos (DAP) del Ministerio de Obras Públicas (MOP), se presentaron importantes avances para adaptar los estándares CES al sector aeroportuario chileno.

El evento, que congregó a diversas entidades públicas, privadas y académicas en el Palacio Pereira, fue un espacio crucial para presentar los resultados finales del estudio y delinear el futuro de los proyectos aeroportuarios bajo una mirada sostenible.

Voluntad y compromiso

Claudia Silva Paredes, directora nacional de Aeropuertos MOP, enfatizó la importancia de la voluntad como motor de la certificación sustentable, destacando que no se trata de una obligación, sino de un compromiso genuino. Además, hizo un llamado a la acción para reducir el impacto ambiental de los aeropuertos, reconociendo la necesidad de disminuir el ruido, la contaminación y las emisiones. “Si esos nuevos aeropuertos son capaces de entregar nuestro granito de arena para gastar menos y ser menos contaminantes globales, va a ser un gran aporte y nos vamos a sentir orgullosos”, afirmó. 

CES: una década de impacto 

El presidente de CES, Ricardo Fernández, expresó su agradecimiento al MOP, al que calificó como el “motor” de la certificación. También mencionó importantes proyectos ya en desarrollo o certificados por CES, como el nuevo Aeropuerto de Santiago, así como también iniciativas en Puerto Natales, Antártica y Viña del Mar. 

Fernández destacó la incorporación de conceptos como huella de carbono, economía circular e hidrógeno verde en las nuevas versiones de CES. Con más de 600 proyectos, CES se consolida como la certificación más relevante a nivel nacional, demostrando que “la construcción sostenible no es más cara y que el beneficio es tremendamente mayor que lo que uno invierte”, afirmó.

Por su parte, Hernán Madrid, jefe de CES, subrayó que el desarrollo de la versión para aeropuertos enriquece todo el sistema, incorporando nuevas variables que serán adoptadas paulatinamente en otras versiones de la certificaciones. Madrid presentó datos contundentes sobre el ahorro que implica la certificación: un edificio de 100.000 m² puede ahorrar 6 millones de kWh al año, lo que se traduce en 150-180 millones de pesos chilenos anuales en costos de operación. En términos de emisiones, esto representa una reducción de 3.000 toneladas anuales de CO2. Destacó que los edificios certificados voluntariamente consumen aproximadamente un tercio de la energía promedio del país.

Por su parte, Martita Molina Fitz, inspectora fiscal del Estudio de la Dirección de Aeropuertos, detalló la trayectoria de la DAP en la incorporación de criterios CES desde 2017, identificando brechas en la certificación original que no reconocía la realidad aeroportuaria. Este análisis llevó al desarrollo del estudio actual, iniciado en 2023 y cuyo primer borrador fue presentado en junio de 2025. Molina resaltó los notables logros en la precertificación, incluyendo el Aeródromo Teniente Rodolfo Marsh Martin, con 86.5 puntos y el aeródromo Teniente. Julio Gallardo de Puerto Natales, que alcanzó 90 puntos, siendo el proyecto precertificado con el puntaje más alto registrado por CES.

Nuevos requisitos para aeropuertos sustentables

El estudio abordó un enfoque integral con etapas de diagnóstico, validación de herramientas en energía, agua y acústica, e innovadores estudios en huella de carbono, economía circular, electromovilidad, hidrógeno verde, Net Zero, cambio climático e infraestructura verde y azul. Un análisis de costos sociales reveló que el uso operacional de energía (Etapa B6) representa el 62% de la huella de carbono en el ciclo de vida de un edificio aeroportuario, mientras que la extracción de materiales y la construcción (A1-A3 y A5) son otras etapas cruciales. 

María Luisa del Campo, directora del Centro Tecnológico KIPUS de la Universidad de Talca, detalló la adaptación de las zonas climáticas a zonas térmicas y la diferenciación de exigencias según la envergadura del aeropuerto (red primaria, secundaria, aeródromos pequeños). Además, se incorporaron requisitos de cubierta para el confort acústico ante el ruido de aeronaves, y la implementación de “zonas de silencio” para personas neurodivergentes.

Las nuevas categorías de certificación incluyen:

  • Calidad interior: Enfoque en confort térmico, visual y acústico adaptado a la realidad aeroportuaria, incluyendo el ruido de aeronaves.
  • Energía: Reducción de la demanda anual de energía para calefacción y enfriamiento, reconociendo el alto consumo de los aeropuertos y el uso de energías renovables como estándar.
  • Agua: Requerimientos para el consumo en paisajismo y humano, con énfasis en la reducción del uso de artefactos y la preservación del agua para consumo no humano en operaciones y torres de enfriamiento.
  • Emisiones: Análisis de la huella de carbono, ampliando la mirada a la medición de materiales, productos y sistema constructivo. Esto se suma a lo que ya tenemos incorporado desde 2023 como huella en la operación del edificio.
  • Economía circular: Integración de prácticas de reutilización y minimización de residuos. Evaluación de los requerimientos para materiales y gestión de residuos, y la ampliación a requerimientos de  Diseño Modular y Plan de desmontaje.
  • Gestión: Aspectos de operación del edificio.
  • Innovación: Nueva categoría que aborda electromovilidad, hidrógeno verde, Net Zero, cambio climático e infraestructura verde y azul.

Edificios con propósito: educación sustentable en universidades y jardines infantiles

Desde la eficiencia energética hasta el confort de sus ocupantes, la Certificación Edificio Sustentable (CES) se consolida como un pilar fundamental en la infraestructura educativa chilena. Descubre cómo destacadas casas de estudio y jardines infantiles están implementando esta herramienta para crear ambientes de aprendizaje más saludables y conscientes con el medio ambiente.

El auge de la construcción sustentable en Chile ha encontrado un terreno fértil en el ámbito educativo, con instituciones de renombre y organismos públicos liderando el camino hacia edificaciones más eficientes y amigables con el medio ambiente. A diez años de su creación, la Certificación Edificio Sustentable (CES) se ha posicionado como un referente clave en esta transformación, impactando positivamente en el diseño, construcción y operación de espacios universitarios y jardines infantiles a lo largo del país.

A continuación, revisaremos algunos de los ejemplos más representativos que dan cuenta de estos avances hacia una construcción más sustentable.

Universidad Católica: Un compromiso con la carbono neutralidad

La Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC) ha abrazado la certificación CES como un pilar fundamental en su compromiso por alcanzar la carbono neutralidad al 2038. Desde 2010, la PUC ha ido incorporando criterios de sustentabilidad en el diseño de su infraestructura, culminando en la decisión de implementar CES a partir de 2020. Actualmente, la universidad cuenta con dos edificios certificados: el Complejo Interdisciplinario Michel Durand (1.500 m²) y el Edificio Aulas Las Pataguas (4.590 m²), además de otros proyectos en distintas etapas de certificación.

Francisco Palacios, profesional de la Subdirección de Planificación y Proyectos de la Dirección de Infraestructura UC, señala que “la implementación de CES ha consolidado una metodología de diseño que prioriza la reducción de demandas energéticas a través de estrategias pasivas, como una envolvente eficiente, aislación térmica y optimización de la ventilación e iluminación natural”. Este enfoque no solo busca la eficiencia, sino también mayor confort para los usuarios. 

La experiencia ha permitido a la UC generar una cultura y conocimientos en torno a la sustentabilidad y eficiencia energética, integrando los criterios CES en todos los proyectos de infraestructura mayores a 1.000 m². Esta visión se alinea con el objetivo de mejorar la calidad de vida de la comunidad universitaria, convirtiendo los edificios en espacios que propician un mejor desarrollo académico, docente y administrativo.

Universidad Católica del Maule: Infraestructura como herramienta formativa

La Universidad Católica del Maule (UCM) ha asumido la certificación CES como un reflejo de su compromiso institucional con la sustentabilidad y la mejora de la calidad de vida de su comunidad. Con dos edificios ya certificados, el San José y el de Medicina; y un tercero en proceso, la UCM destaca la importancia de CES para asegurar estándares técnicos y de desempeño ambiental.

Paulina Loyola, jefa del Departamento de Desarrollo Sustentable de la UCM, sostiene que “la incorporación de CES ha promovido una planificación integral y colaborativa en el diseño, priorizando el confort térmico, la iluminación natural, la ventilación eficiente y la gestión responsable del agua y la energía. En la construcción, se han adoptado prácticas más sostenibles, y en la operación, se ha observado una mejora en el desempeño energético y una mayor conciencia sobre el uso eficiente de los recursos”. 

Para la UCM, la infraestructura es un componente activo en los procesos formativos, donde los espacios sustentables fomentan el bienestar, la concentración y la salud de estudiantes y docentes. Por lo tanto, “estos edificios se transforman en recursos pedagógicos vivos, alineados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas”, señala Loyola. Así, la certificación CES es vista como una herramienta estratégica para construir una universidad resiliente, moderna y con visión de futuro.

JUNJI: Espacios educativos para la primera infancia con sello sustentable

La Junta Nacional de Jardines Infantiles (JUNJI) ha dado un paso significativo hacia la sustentabilidad en la educación inicial, con 31 iniciativas en proceso de certificación CES en todo el país, incluyendo 2 ya certificadas, los jardines infantiles Lircay, de Talca; y Pinocho, de Temuco. Para JUNJI, los jardines infantiles son considerados un “tercer educador”, por lo que buscan brindar las mejores condiciones para el aprendizaje y desarrollo de niñas y niños.

José González, director del Departamento Cobertura y Habilitación de Espacios Educativos, señala que la certificación CES ha influido en el diseño de los jardines, “volviéndolos más exigentes en cuanto al comportamiento climático y el confort para toda la comunidad educativa. Esto se traduce en una reducción del consumo de energía y agua potable, así como en una gestión de residuos más eficiente, desde la construcción hasta la operación del establecimiento”. 

En ambos proyectos se priorizaron soluciones pasivas como ventilación cruzada, aislación y envolventes térmicas eficientes, y el uso de materiales que reducen el ruido interior y exterior. González agrega que aunque la inversión inicial puede ser mayor, las estrategias sustentables reducen significativamente los costos de operación. Los equipos educativos y las familias valoran el confort térmico, el aumento del rendimiento en las actividades y la disminución de enfermedades en los recintos certificados. “JUNJI ha incorporado la certificación CES como un sello para su nueva infraestructura institucional, alineándose con los ODS y promoviendo prácticas sostenibles para las futuras generaciones”, concluye González.

Universidad Austral de Chile: Elevando la calidad de la infraestructura universitaria

La Universidad Austral de Chile (UACh) se ha sumado activamente a la corriente de la construcción sustentable, contando con tres edificios certificados por CES en distintas etapas del proceso: la Clínica de Atención Psicológica, la Sala Cuna para hijos e hijas de funcionarios(as) y el Pabellón Docente, este último reconocido con el primer lugar en la categoría de proyecto precertificado en los Premios CES 2022. “Este compromiso institucional con CES refuerza la política de la universidad de reconocer la sustentabilidad como un eje estratégico para su desarrollo, garantizando eficiencia, durabilidad, habitabilidad y reducción del impacto ambiental en sus proyectos”, explica María José Escares Martínez, directora de Infraestructura y Servicios de la Universidad Austral de Chile.

La implementación de los estándares CES ha elevado la calidad de los espacios universitarios, promoviendo un diseño más eficiente y consciente. Los impactos clave incluyen un uso responsable de energía y agua, mejoras en el confort térmico y ambiental, y la integración de sistemas orientados a una operación eficiente. “El proceso de certificación ha fortalecido las capacidades técnicas de la UACh y ha impulsado una visión integral del ciclo de vida de los proyectos, desde el diseño hasta la operación”, agrega Escares.

Los criterios CES se han integrado progresivamente en los nuevos proyectos de infraestructura universitaria, estableciendo un requisito transversal en el desarrollo de nuevos recintos. La UACh destaca que la infraestructura sustentable no solo mejora las condiciones físicas, sino que también se convierte en una herramienta formativa, actuando como recurso pedagógico y fomentando la conciencia ecológica en la comunidad universitaria.

Las tres evaluadoras que han marcado la pauta en los 10 años de CES

88 Limitada, EBP Chile y Ecosustenta lideran ampliamente la lista de entidades evaluadoras del sistema CES, con más de 500 evaluaciones realizadas entre las tres. Han acompañado desde universidades hasta cuarteles de bomberos en la ruta hacia la sustentabilidad.

Diez años han pasado desde que la Certificación Edificio Sustentable (CES) comenzó a transformar el estándar ambiental de los edificios públicos en Chile. En ese camino, las entidades evaluadoras acreditadas por CES —figuras técnicas encargadas de validar el cumplimiento de los exigentes requisitos de CES— han sido clave para dar credibilidad y rigor al sistema. Estas revisan de forma neutral y rigurosa los proyectos inscritos, verificando que cumplan con los requisitos técnicos del Manual CES. Son clave para otorgar tanto la precertificación como la certificación final y el sello Plus Operación.

Hoy, un análisis de datos revela quiénes han sido las protagonistas de esta primera década. 88 Limitada, EBP Chile y Ecosustenta encabezan el ranking, acumulando el 70 % de los procesos de evaluación realizados desde diciembre de 2014 a la fecha.

Las líderes en cifras

  • 88 Limitada se instala como la evaluadora más activa, con 294 procesos entre precertificaciones (251) y certificaciones (43).
  • Le sigue EBP Chile, con 114 proyectos evaluados (97 precertificados y 17 certificados).
  • Y luego Ecosustenta, con 103, (64 precertificados y 39 certificados).

Pero más allá de los números, su huella está en los proyectos que ayudaron a certificar: obras que hoy marcan la diferencia en eficiencia energética, confort térmico y uso responsable de recursos.

Proyectos que dejan huella

88 Limitada no solo lidera en cantidad, sino también en innovación. De hecho, su nombre está presente en todas los Premios CES, desde 2019 a la fecha. En 2019, estuvieron en el 2° (Reposición Cuartel de Bomberos de Cunco) y 3° lugar (Centro Deportivo Integral Caldera), de la categoría Edificio Certificado, así como en los 3 lugares de la categoría Proyecto Precertificado. Ya en 2020, evaluaron al edificio que obtuvo el primer (Comunidad Terapéutica Drogodependientes) y el tercer lugar (Escuela Cantino). En 2021 y 2022, evaluaron gran parte de los proyectos precertificados ganadores de dicha categoría.

En 2023, participaron del Recinto Modelo Educación y Trabajo Edificios ADE-DEP y ASA-ADI La Laguna, Talca, que obtuvo el primer lugar, y en el proyecto precertificado: Jardín Infantil y Sala Cuna Chinkowe Temuco (1° lugar). En 2024, repitieron el primer lugar con el Liceo B-15 Jorge Teillier, también estuvieron en el 2° lugar, con el Edificio Institucional de la Dirección Regional de Aduanas de Talcahuano (D.R.A.T.), y la Escuela La Piedra, Galvarino, 2° lugar en los proyectos precertificados.

Asimismo, en la empresa se han aventurado como asesores y arquitectos en algunos de los proyectos CES.

EBP Chile, por su parte, ha tenido un rol clave en edificaciones de alto impacto social. Evaluó, por ejemplo, el cuartel de Bomberos de Rancagua, que recientemente obtuvo la certificación con una calificación destacada. También participó en edificios de la Universidad Católica, como el Centro de Investigación Michel Durand, con diseño pasivo y ventilación natural.

Recibieron los Premios CES por primera vez en 2020, con el tercer lugar de la Piscina Temperada de Talca, en la categoría Proyecto Precertificado, mismo proyecto que en 2021 recibió el primer lugar en la categoría Edificio Certificado, completando el proceso CES.

En 2023, con la evaluación de EBP Chile, el Edificio Consistorial de Chañaral obtuvo el segundo lugar categoría Edificio Certificado, en tanto que en la categoría Proyecto Precertificado, se quedaron con el 2° y 3° lugar, con la Reposición Cuartel BICRIM PDI, Villa Alemana, y la Reposición Liceo Claudio Arrau León Doñihue, respectivamente.

En 2024, participaron en la premiación del 3° lugar obtenido por la Subcomisaría de Longaví, y del proyecto precertificado, que obtuvo el 1° lugar: Retén de Carabineros Río Tranquilo, Río Ibáñez.

Ecosustenta ha mantenido un equilibrio notable entre evaluaciones de diseño y certificaciones finales. Entre sus casos más emblemáticos está la Sala Cuna y Jardín Infantil Pinocho, en Temuco, que alcanzó la categoría “sobresaliente” con 70 puntos. Además, ha estado presente en varios proyectos municipales y de educación en regiones, acompañando el proceso completo hasta la obtención del sello.

En los Premios CES, la empresa ha aparecido en 2021, con el 3° lugar de la Subcomisaría de Nonguén; y en 2023, con el 1° lugar del Recinto Modelo Educación y Trabajo Edificios ADE-DEP y ASA-ADI La Laguna, Talca.

Un rol clave en la sustentabilidad pública

Las entidades evaluadoras son piezas técnicas fundamentales del sistema CES. No asesoran ni diseñan; evalúan y revisan que cada proyecto cumpla con las exigencias establecidas. Son las encargadas de dar el visto bueno —o pedir correcciones— y su informe es indispensable para obtener la certificación CES.

La UC apuesta en serio por la sustentabilidad: ya suma 10 edificios con certificación CES

Con dos edificios certificados, tres precertificados y cinco en proceso, la Pontificia Universidad Católica de Chile consolida su compromiso con la carbono neutralidad al 2038. Francisco Palacios, de la Dirección de Infraestructura, destaca cómo CES ha transformado sus estándares de diseño y confort.

La sustentabilidad en la infraestructura universitaria dejó de ser una declaración de principios para convertirse en una política concreta en la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC). La institución ya suma 10 edificios inscritos en la Certificación Edificio Sustentable (CES), herramienta nacional que evalúa el comportamiento ambiental de las edificaciones de uso público en Chile.

Francisco Palacios, profesional de la Subdirección de Planificación y Proyectos de la Dirección de Infraestructura UC, cuenta que la decisión de adoptar CES responde a una meta institucional clara: alcanzar la carbono neutralidad al 2038. “Desde el año 2020 se decidió implementar la certificación CES como un avance concreto en el compromiso de la Universidad”, explica, en línea con el eje de gestión institucional del Plan de Desarrollo UC y la Estrategia para la Acción Climática.

De edificios aislados a una estrategia transversal

Actualmente, la UC cuenta con dos edificios certificados, el Complejo Interdisciplinario Michel Durand, en Villarrica, y el Edificio Aulas Las Pataguas (ex DISE), además de tres precertificados y cinco en proceso de evaluación, que incluyen desde facultades hasta clínicas veterinarias y salas de clases generales en el campus San Joaquín.

Pero más allá de la cantidad, lo relevante es el cambio de enfoque que CES ha generado en la forma de proyectar arquitectura e instalaciones. “El mayor impacto ha sido poder consolidar una metodología para la definición de estándares de diseño arquitectónico y de instalaciones”, señala Palacios. Según explica, hoy los diseños buscan primero reducir la demanda energética mediante estrategias pasivas —como aislación, ventilación e iluminación natural— antes de optar por soluciones activas como climatización o iluminación artificial.

Uno de los aprendizajes más valiosos, apunta Palacios, ha sido la capacidad de incorporar la sustentabilidad como parte integral del desarrollo de cada obra. “Se ha generado una cultura y conocimientos en torno a la sustentabilidad y eficiencia energética”, dice, lo que ha permeado tanto al equipo técnico como al resultado final que experimentan usuarios y usuarias.

“Contar con espacios con estrategias de diseño aplicadas y altos estándares de confort permite que las actividades docentes, académicas y administrativas se desarrollen de mejor forma”, destaca. En ese sentido, el foco ha estado en los espacios para estudiantes, “puesto que son el centro de nuestro quehacer y podemos aportar desde la infraestructura en su desarrollo académico”, afirma.

Lo que viene

A partir de la buena experiencia, la UC ha decidido establecer CES como criterio general para todos los proyectos de más de 1.000 m², y evaluar su aplicación en obras menores, siempre incorporando criterios de eficiencia y asesoría especializada. La sostenibilidad, entonces, ya no es un “plus”, sino un nuevo estándar base.

Con este enfoque, la UC no solo suma metros cuadrados certificados, sino que apuesta por transformar el entorno académico desde el diseño responsable, alineado con sus compromisos climáticos y con una visión que pone a la comunidad universitaria en el centro.

Avances clave en la normativa técnica chilena: La contribución de CES

Hernán Madrid, jefe de la certificación, expuso en un seminario de la UTEM sobre los cambios de la actualización de la medición térmica de la ordenanza, prevista para noviembre. “Estas modificaciones son particularmente relevantes para edificios de uso público, como los de salud y educación, en los cuales CES ha colaborado activamente”, sostuvo.

En el contexto del seminario “Actualización de la normativa técnica chilena en el rubro de la construcción”, realizado el 18 de junio en la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM), se dieron cita diversos expertos para abordar las últimas versiones de las normas y su impacto en el sector. 

Uno de los expositores clave fue Hernán Madrid, ingeniero civil y jefe de Certificación CES administrada por el Instituto de la Construcción (IC). Madrid ofreció una detallada presentación sobre el sistema de Certificación Edificio Sustentable (CES), destacando su carácter voluntario y su trayectoria de 10 años, consolidándose como una alianza público-privada que involucra a entidades como el Ministerio de Obras Públicas, la Cámara Chilena de la Construcción, el Colegio de Arquitectos, el Instituto de la Construcción y los ministerios de Energía y Vivienda.

Administrada por el Instituto de la Construcción, CES opera mediante la evaluación de un tercero, asegurando la objetividad en la certificación. Esta aborda tres grandes categorías: ambiente interior y energía (las más impactadas por las recientes actualizaciones normativas), eficiencia en el uso de agua, materiales y residuos, e innovación.

Con más de 600 proyectos en diversas etapas de certificación, distribuidos en todas las regiones del país, CES ha demostrado ser una herramienta efectiva para la sostenibilidad. “Los edificios certificados logran un ahorro energético significativo, con consumos que oscilan entre un tercio y un 50% del promedio nacional, lo que se traduce en una notable reducción de emisiones y un impacto relevante en los presupuestos de operación, especialmente en edificaciones de gran escala como hospitales”, explicó Madrid. 

Desafíos y actualizaciones en la normativa térmica

Madrid se centró en los cambios que trae la actualización de la medición térmica de la ordenanza, cuya entrada en vigor está prevista para noviembre. “Estas modificaciones son particularmente relevantes para edificios de uso público, como los de salud y educación, en los cuales CES ha colaborado activamente con mesas de trabajo junto a los ministerios de Salud, Educación y Vivienda”, detalló.

Los cinco puntos clave de esta actualización, desde la perspectiva de los edificios de uso público, son:

  1. Cambio en la zonificación térmica: Se transita de zonas climáticas a zonas térmicas para establecer los requisitos, lo cual impactará directamente en el modelo de certificación del CES.
  2. Nuevos requisitos de calidad para la envolvente: Se exigirán estándares mínimos actualizados para los cerramientos, que, aunque en su mayoría ya estaban cubiertos por la certificación CES en versión 1.1, requerirán algunos ajustes finos.
  3. Exigencia de condensación superficial e intersticial: La evaluación de la condensación, que antes en CES se limitaba a salas de clase en educación, ahora se amplía a todos los recintos docentes y médicos.
  4. Incorporación de la medición de infiltración de aire: Se establece un requisito obligatorio para medir la infiltración de aire no controlado, lo que requerirá la implementación de ensayos específicos para edificios de salud y educación.
  5. Requerimientos de ventilación: Este aspecto, vital para el confort y la calidad del aire interior, ya estaba cubierto por el sistema de certificación CES, por lo que no demanda mayores actualizaciones.

En el seminario también participaron otros destacados expertos como Lucio Ricke, presidente del Consejo de Normalización de la Construcción del IC, quien enfatizó el rol de su entidad en la articulación de la normativa y la necesidad de aumentar el conocimiento sobre los procesos normativos. También expuso Susana Jara, del Departamento de Tecnologías de la Construcción del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu), quien abordó la actualización de la normativa para la industrialización en el sector habitacional, destacando el avance en la vivienda industrializada tipo (VIT) y sus beneficios en la reducción de plazos y residuos; y Marlena Murillo, consejera del Colegio de Ingenieros y miembro del Instituto Chileno del Acero (ICHA), que detalló el rol de este en la promoción del uso del acero y el desarrollo de normas técnicas, incluyendo las de diseño de elementos de acero y sísmico.

El seminario completo está disponible aquí:

Construir con propósito: el legado de CES en la transformación sustentable del país

Por Ricardo Fernández, presidente de CES

Hace una década dimos un paso audaz: diseñar una certificación que respondiera a nuestra realidad climática, social y constructiva, pero que al mismo tiempo recogiera las mejores prácticas internacionales. Así nació la Certificación Edificio Sustentable (CES), un esfuerzo colectivo que hoy se traduce en más de 600 proyectos inscritos y una transformación palpable en la manera en que concebimos y ejecutamos la edificación pública en Chile.

Lo que comenzó como una iniciativa impulsada por el Ministerio de Obras Públicas, la Cámara Chilena de la Construcción, el Colegio de Arquitectos y el Instituto de la Construcción, con el apoyo de Innova Corfo y el trabajo técnico del IDIEM, ha evolucionado hasta convertirse en una herramienta robusta, versátil y con impacto medible. Hoy, CES no solo permite hacer más con menos: mejora la calidad de vida de las personas y reduce significativamente el impacto ambiental de nuestras construcciones.

Los resultados hablan por sí solos. En los 35 edificios certificados que analizamos los bonos verdes del Ministerio de Obras Públicas, encontramos una reducción de 9.600 toneladas de CO₂ equivalente al año y un ahorro energético de 20 millones de kWh anuales. Eso significa menos emisiones, menos gasto y más confort para quienes habitan y usan esos espacios.

Pero el valor de CES va más allá de los números. Ha instalado una nueva forma de pensar la arquitectura y la inversión pública. Ha puesto en valor el diseño bioclimático, el uso eficiente de los recursos y la responsabilidad social en la construcción. Desde escuelas rurales hasta hospitales de más de 100 mil metros cuadrados, CES ha demostrado ser adaptable, exigente y coherente con los desafíos del presente.

Hoy avanzamos hacia nuevas versiones para aeropuertos, infraestructura y edificios existentes. Nuestra meta es ambiciosa: lograr una certificación nacional integrada que abarque todos los tipos de edificaciones. En un contexto global donde la sostenibilidad es prioridad, CES puede ser el aporte chileno en instancias como la COP30 y posicionarse incluso como referente regional, especialmente si se vincula al financiamiento verde y a la taxonomía de actividades sostenibles.

Como presidente del Comité Directivo de CES, y como profesional convencido del valor de la construcción sustentable, puedo decir con orgullo que hemos construido más que edificios: hemos levantado una cultura técnica, ambiental y ética que nos desafía a seguir mejorando. Y lo hemos hecho con una certeza simple pero poderosa: que el futuro se construye hoy, y debe ser sustentable.

CES avanza en la actualización de su modelo de certificación ante nueva RT

El comité técnico de la Certificación Edificio Sustentable (CES) trabaja en la adecuación de su modelo a los cambios que entrarán en vigencia en noviembre de 2025. Las actualizaciones consideran zonificación, exigencias para envolventes, condensación y control de infiltración de aire.

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Durante el segundo semestre de 2024, el comité técnico de la Certificación Edificio Sustentable (CES) inició un proceso de revisión y actualización de su modelo de certificación en respuesta a las modificaciones introducidas por la nueva Reglamentación Térmica (RT), que comenzará a regir en octubre de este año. El grupo convocó a representantes de más de 20 instituciones y consultoras, entre ellas asesores, evaluadoras y miembros de los Comité Directivo y Consultivo de CES.

Según explica Hernán Madrid, jefe de CES, se identificaron cuatro aspectos claves que deben ser actualizados: la adopción de una nueva zonificación térmica, los requerimientos mínimos para envolventes, la evaluación de condensación (superficial e intersticial) y las exigencias en materia de infiltración de aire.

En cuanto al primer punto, CES cambiará zonificación para definir exigencias, pasando  de las zonas climáticas a adoptar las zonas térmicas, ambas definidas en la norma NCh1079, buscando mayor homogeneidad entre distintos tipos de edificaciones a nivel nacional. “Esto implica un cambio importante, pero apunta a la simplificación en el uso de zonificación para todo tipo de uso de edificaciones”, indica Madrid.

Respecto a los requerimientos mínimos de envolvente, el comité acordó alinear los valores de CES con los establecidos en la actualización de la ordenanza, lo que se traducirá en ajustes menores en los valores de referencia respecto a lo existente en CES v1.1.

En los temas de condensación e infiltración de aire, CES ha iniciado mesas de trabajo con los ministerios de Vivienda, Salud y Educación, con el fin de definir lineamientos generales, para luego retomar el trabajo con el Comité Técnico. La actualización contempla ampliar la exigencia de evaluar condensación superficial más allá de las salas de clases a otros recintos docentes y edificios de salud, además de incorporar el análisis de condensación intersticial.

Finalmente, en el caso de la infiltración de aire, CES desarrollará un nuevo apéndice que incluirá protocolos específicos para la evaluación de ensayos e incorporará las exigencias reglamentarias de la actualización de la OGUC como requerimiento obligatorio.

Madrid aclaró que el único aspecto de la RT que no requerirá ajustes es el relacionado con ventilación mínima, ya que esta exigencia ya se encuentra cubierta en el modelo vigente de CES, tanto en sus requerimientos obligatorios como voluntarios.

“Diseñar con responsabilidad ambiental fue un gran cambio y una gran oportunidad”

Margarita Cordaro, arquitecta, vicepresidenta de CES y pionera de la construcción sustentable en el sector público, repasa su trayectoria impulsando la certificación desde la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas. Asegura que CES ha sido clave para verificar la calidad de los edificios públicos y proyecta los nuevos desafíos del sistema.

Con más de cuatro décadas de experiencia en arquitectura pública, Margarita Cordaro ha sido una de las principales impulsoras del enfoque sustentable en la edificación estatal en Chile. Desde su rol en la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas (MOP), ha participado en el desarrollo de estudios, proyectos, convenios, capacitaciones y lineamientos técnicos que hoy son base del modelo de la Certificación Edificio Sustentable (CES). Fue parte activa desde los inicios de este sistema, integrando el Comité de Certificación de Calidad Ambiental de Edificios, y ha seguido colaborando activamente como representante del MOP. Ha sido presidenta y vicepresidenta del CES en varios periodos, y en 2020 obtuvo el Premio CES al Profesional Destacado.

En esta entrevista, Margarita Cordaro recorre los hitos del proceso que dio origen a CES, los aportes del sector público a su desarrollo, el impacto que ha tenido en la gestión de proyectos y los desafíos que enfrentará en el futuro. Sus respuestas reflejan el compromiso institucional y personal con una arquitectura que combina calidad, diseño pasivo, eficiencia energética y responsabilidad ambiental.

¿Cómo recuerda los inicios de CES?

Me integré en 2007 al Instituto de la Construcción representando a la Dirección de Arquitectura en el Comité de Certificación de Calidad Ambiental de Edificios. Fue un proceso lleno de expectativa, con participación amplia desde lo público, privado, academia y consultores. Se revisaron normativas y certificaciones, y se llegó a un listado de cerca de mil requerimientos. Fue clave postular a Corfo Innova, porque se necesitaba un desarrollo profesional riguroso que considerara la diversidad territorial y climática del país.

Reunión en el MOP proyecto Innova DA-MOP, 2012.

¿Qué la motivó personalmente a involucrarse?
Como arquitecta de la DA MOP, ya en 1993 trabajaba con lineamientos de diseño pasivo y eficiencia energética. Aunque hubo dificultades para aplicarlos por desconocimiento técnico, el concepto me desafió y me motivó. Fue una oportunidad para proyectar edificios públicos con criterios de eficiencia y calidad ambiental. Desde entonces, hemos desarrollado estudios, cursos y diplomados en todo el país, generando herramientas como los TDRe de la DA  para generar sinergia en el desarrollo de las licitaciones con criterios de sustentabilidad.

Desde el MOP, ¿por qué era importante una certificación como CES?
La DA ya contaba con guías técnicas agrupadas en cuatro ámbitos —diseño pasivo, confort ambiental, ahorro de energía y agua— que se alineaban con los principios de CES. Esta certificación permite verificar el cumplimiento de esas variables mediante una evaluación técnica independiente, lo que da transparencia y objetividad al proceso.

Reunión Comité Directivo CES, 2013.

¿Cuáles fueron los principales aportes del MOP al sistema CES?
El más importante fue visibilizar la gestión que implica un proyecto de inversión pública. Propusimos incorporar una etapa de precertificación del diseño, separada de la certificación de obra. Esto responde a la realidad de los proyectos públicos, que suelen desarrollarse en etapas distintas y con cambios de autoridades. También fue útil contar con edificios públicos como casos reales para medición y evaluación.

¿Cómo fue la experiencia de trabajar con otras instituciones?
Fue enriquecedora. Escuchar, valorar y consensuar distintas miradas nos permitió generar una unidad conceptual que se plasmó en los parámetros de la certificación chilena. Fue un aprendizaje colectivo.

¿Qué valor le asigna a la colaboración público-privada?
Es esencial, y sumo también a la academia. Esta alianza permite una visión integral, que fortalece las iniciativas y conduce a las instituciones a generar las condiciones técnicas y legales para su implementación.

¿Cómo evalúa la evolución de CES en estos 10 años?
Ha sido notable. Sin ser ley ni obligación, CES se ha instalado como una gestión de calidad necesaria. Se ha ampliado a nuevos usos como hospitales y aeropuertos, y ha crecido la demanda de certificaciones. Ha habido reconocimiento internacional a través de la aplicación del sistema en proyectos gestionados por la DA MOP, lo que fue auditado y valorado y que permitió al país emitir Bonos Verdes.

¿Qué hitos destaca con especial orgullo?
Uno es el protocolo formal  de colocación de placas CES en edificios certificados, con participación local de usuarios, consultores y comunidad. El otro, el cumplimiento de la meta ambiental del Plan de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático 2017–2022, gracias al uso de CES y TDRe de la DA en licitaciones públicas. También el reconocimiento internacional por la gestión de la DA MOP, que dio pie a los Bonos Verdes y formalizado a través del Ministerio de Hacienda.

¿Qué cambios ha visto en los mandantes públicos?
Ahora hay un enfoque más integral. Desde la firma del convenio entre la DA y el mandante, se incorporan exigencias de sustentabilidad y Certificación CES. Esto permite verificar resultados en diseño y obra. Los mandantes ahora conocen cómo funcionará su edificio y valoran el confort ambiental y el ahorro energético.

¿Qué desafíos enfrenta CES hacia el futuro?
Los desafíos ya están aquí. El cambio climático y las amenazas naturales exigen incorporar resiliencia, considerando riesgos sismológicos, aluvionales o de inundación. Otro reto es una zonificación climática más detallada, incluso para la Antártica. Además, hay que avanzar en el fortalecimiento de certificación en etapa de operación: CES Plus Operación.

¿Qué rol debe jugar el Estado en consolidar la sustentabilidad?
El Estado debe liderar. Tenemos compromisos globales que requieren políticas de largo plazo. Aunque no es fácil equilibrar lo financiero con lo ambiental, debemos generar gobernanza para lograrlo.

¿Y qué le gustaría ver en CES en 10 años?
Un CES más formalizado, con fuerte compromiso institucional y financiamiento adecuado, que garantice un desarrollo técnico continúo y transparente en la certificación de edificios e infraestructura pública.

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La Defensoría Regional de La Araucanía destaca por su diseño sustentable

Durante una visita liderada por la arquitecta Romy Luckeheide, profesional de CES, se conocieron en terreno las estrategias que permitieron al edificio alcanzar la certificación CES versión 1.1, subrayando su compromiso con la sustentabilidad y el bienestar de sus usuarios.

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La arquitecta Romy Luckeheide, parte del equipo de la Certificación Edificio Sustentable (CES), visitó recientemente el edificio de Reposición de la Defensoría Regional de La Araucanía y Local de Temuco, ubicado en Arturo Prat 280, a los pies del cerro Ñielol. La actividad contó con la participación de Alejandro Bizama Tiznado, director administrativo regional de la Defensoría, y Rodrigo Vargas, asesor CES, quienes guiaron el recorrido por las instalaciones que operan desde enero de este año.

Durante la visita se destacaron las principales estrategias implementadas para lograr un desempeño ambiental sobresaliente, entre ellas una significativa reducción del consumo energético y del uso de agua potable. El edificio obtuvo la certificación CES versión 1.1 con un total de 42,5 puntos.

Entre sus características técnicas, se cuenta con un sistema de aislamiento térmico exterior continuo, grandes ventanales con termopanel orientados al norte y protegidos por celosías, lo que favorece la iluminación natural y el confort térmico pasivo, disminuyendo en un 28% la demanda anual de energía para climatización e iluminación. Asimismo, se logró una reducción del 34,3% en el consumo de agua potable, gracias a la eficiencia de sus sistemas sanitarios.

El edificio, de tres niveles y un subterráneo, cuenta con una superficie total de 2.161 m² y fue diseñado por el arquitecto Sergio Carrasco Santos, con Rodrigo Vargas como asesor CES. La unidad técnica estuvo a cargo de la Dirección de Arquitectura del MOP y la evaluación fue realizada por la entidad B-Green.

Además, en su etapa constructiva, se gestionaron residuos de obra como despuntes de fierro y madera, promoviendo el reciclaje y la economía circular. El edificio se inserta en un entorno urbano institucional consolidado, compartiendo barrio con la Corte de Apelaciones, la Contraloría Regional y el icónico Pabellón de La Araucanía, símbolo chileno en la Expo Milán 2015.

Esta visita reafirma el compromiso de la Certificación Edificio Sustentable con el impulso de edificaciones más responsables con el medio ambiente, confortables para sus usuarios y alineadas con los objetivos de desarrollo sostenible del país.