Durante 2023 el Instituto de la Construcción desarrolló una consultoría para el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), centrada en la Resiliencia y sostenibilidad en los códigos de construcción de América Latina y El Caribe. En el ámbito de la sustentabilidad se abordaron adicionalmente certificaciones y sellos voluntarios, con colaboración activa del Chile GBC, lo que permitió levantar la situación actual del uso de certificaciones internacionales y locales en cada país de Latinoamérica.
En este contexto, desde CES y el Instituto, tuvimos la oportunidad de colaborar en una Nota Técnica basada en la información levantada, en la que el Instituto de la Construcción participó en coautoría.
Uno de los principales hallazgos en el ámbito de la sustentabilidad es el rol que juegan las certificaciones voluntarias, que contemplen variables que no están en los reglamentos y/o sean establecidas por sobre los estándares reglamentados, para, de esta manera, orientar y promover mejores estándares en las edificaciones y construcciones.
En materia de sellos y certificaciones locales, se identificaron 10 certificaciones, distribuidas en Brasil (5), Chile (2), Colombia (1), Costa Rica (1), y Guatemala (1); y 13 sellos o calificaciones distribuidos en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Panamá y Uruguay. Todos estas son aplicables a diferentes usos de edificios y/o viviendas, públicas y privadas.
Una certificación se considera más robusta cuando un tercero independiente es responsable de realizar pruebas de comprobación y otorgar la certificación. De estos, solo Brasil y Chile cuentan con sistemas de verificación independiente. Por otro lado, únicamente Argentina, Chile, Colombia y México cuentan con etiquetado energético específico para el sector.
En el ámbito de los incentivos, se observó que países como Colombia, Bolivia, El Salvador y Perú, incluyen incentivos normativos en alguno de sus códigos, beneficios constructivos para aquellas edificaciones que incorporen parámetros de sostenibilidad o alcancen algún nivel de certificación bajo algún esquema local o internacional, sean éstas realizadas por el sector público o privado.
Se concluye que existe al menos una certificación aplicable a cada país, sean nacionales o internacionales y que las certificaciones nacionales generalmente se adaptan mejor al contexto y prioridades locales.
Este escenario es una muy buena base para la colaboración en Latinoamérica y El Caribe, en un modelo similar a lo que ha sido el destacado trabajo del Código Modelo de Diseño Sísmico para América Latina y El Caribe en el que el Instituto de la Construcción ha actuado de secretaría general.
El objetivo de la nueva Política de Sostenibilidad del MOP es contribuir a un desarrollo armónico y equilibrado de Chile, con beneficios en eficiencia y eficacia operativa, incluyendo criterios de equidad, enfoque transversal de género y transparencia, y acorde a los desafíos de la crisis climática y de biodiversidad.
A fines de 2023, el Ministerio de Obras Públicas hizo el primer llamado para participar en los talleres de elaboración de su nueva Política de Sostenibilidad, que actualiza la Política de Sustentabilidad Ambiental del año 2016, ampliando e integrando en el quehacer ministerial los crecientes estándares y desafíos relacionados con las cuatro dimensiones de la sostenibilidad (ambiental, económica, social e institucional). En específico, se está construyendo mediante un proceso de cocreación que engloba a los sectores público y privado y a la academia y la sociedad civil.
La ministra de Obras Públicas, Jessica López, ha impulsado la meta de disponer de esta nueva política a mediados de 2024, según lo expresado en la jornada de inicio de este proceso, en noviembre de 2023. Para abordar esto, “nos encontramos finalizando el proceso participativo multiactor, luego de haber desarrollado talleres regionales presenciales y un taller online de alcance nacional en los primeros tres meses de este año. Esto culminó con un taller-conversatorio, el 16 de abril, centrado en el análisis ya sistematizado de los ejes y acciones identificados en los talleres anteriores”, cuenta.
Su implementación
Paralelamente, y en forma coordinada con la nueva política, el MOP registra avances en este 2024 para actualizar su Plan de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático, en sus componentes de infraestructura y de recursos hídricos; y el Plan Director de Servicios de Infraestructura al 2055. En específico, una vez publicada la Política de Sostenibilidad MOP, hacia fines de 2024 se espera terminar y aprobar los planes ya indicados, con foco en la obtención de una cartera y de un conjunto de acciones prospectivas que internalicen los criterios y compromisos asociados a la sostenibilidad a nivel de indicadores y metas.
Adicionalmente, el MOP ha actualizado su institucionalidad para implementar estos desafíos, creando para ello la División de Infraestructura Sostenible, dentro de la Dirección General de Obras Públicas.
“Considerando la función social y económica del Ministerio de Obras Públicas como principal impulsor de la infraestructura y edificación pública en el país, se prevé que la nueva política beneficie en forma integral a todas y todos los chilenos, contribuyendo en menores impactos ambientales, en obras resilientes al cambio climático, en economía circular, en eficiencia energética, en inclusión y enfoque de género, y en mayor y mejor participación ciudadana e indígena”, dice el jefe de la DIS. Para ello, “concebimos a la Política como el instrumento rector que oriente el accionar del MOP en los diversos ámbitos de la sostenibilidad”, añade.
En tanto, CES, como organismo certificador de la sustentabilidad en la edificación pública, “se presenta como un referente en términos de desarrollo de criterios e indicadores que permiten su medición. Por tanto, la política recoge el trabajo realizado y amplía el ámbito de acción hacia la sostenibilidad integral, considerando aspectos como la resiliencia, la participación e involucramiento ciudadano, el financiamiento verde, entre otros. Esto permitirá, en el futuro, contar con métricas de medición, que eventualmente podrán dar paso a nuevas certificaciones de los proyectos de inversión que ejecuta el ministerio”, precisa Bifani.
La guía, asistencia y sistematización para el desarrollo de los talleres ha sido coordinado por la consultora IUS Latam, con el apoyo técnico de Open Contracting Partners (OCP) y su fondo Lift, todo ello bajo la dirección de la División de Infraestructura Sostenible de la Dirección General de Obras Públicas.
“Finalmente, resulta de interés resaltar que con esta nueva Política, el MOP busca contribuir a hacer frente a la triple crisis planetaria derivada del cambio climático, la contaminación ambiental y la pérdida de biodiversidad, focalizando su accionar en los servicios que prestan las obras públicas a las comunidades y los territorios”, concluye la autoridad de la DIS.
Los recién anunciados hospitales de Rengo y Pichilemu, de la Red O’Higgins, se suman a otros 16 recintos, que incorporarán la certificación CES en su diseño.
El 22 de marzo del año en curso se publicó en el Diario Oficial el decreto que adjudica el proyecto Red O’Higgins, que contempla la construcción y operación de los hospitales de Rengo y Pichilemu. Estos recintos, que beneficiarán a una población cercana a los 276.000 habitantes, con 80.000 m2 aproximados construidos, contarán con la Certificación Edificio Sustentable (CES).
La construcción de estos recintos, que implica una inversión de casi 180 millones de dólares, está prevista para el primer semestre de 2025, mientras que sus operaciones comenzarían a partir de 2028.
Los dos hospitales anunciados para la Red O’Higgins se suman los recintos de la Red Maule (Cauquenes, Constitución y Parral), el hospital Buin-Paine, la Red Biobío (Santa Bárbara, Nacimiento, Coronel y Lota), el hospital de La Serena, la Red Los Ríos-Los Lagos (Los Lagos, La Unión, Río Bueno y Puerto Varas), el hospital de Coquimbo, el Instituto Nacional del Cáncer y el Instituto Nacional de Neurocirugía; todos ellos también en proceso de certificación CES.
En el sitio web de la cartera, la ministra de Obras Públicas, Jessica López, destaca que estos anuncios refuerzan el compromiso del gobierno para mejorar la calidad de vida de los chilenos a través de acciones concretas.
“La salud es uno de los temas más importantes, por lo que debemos mejorar la infraestructura hospitalaria y como ministerio estamos construyendo 25 hospitales en todo el país. La Red O’Higgins está compuesta por dos proyectos que suman 180 millones de dólares, con muchos miles de metros construidos y con la última tecnología disponible para la ciudadanía”, sostuvo la secretaria de Estado.
“Para CES representa un gran hito colaborar con la certificación de proyectos de tanta relevancia para chilenas y chilenos, contribuyendo a evaluar, calificar y certificar el comportamiento ambiental de hospitales a lo largo del territorio”, precisa HernánMadrid, jefe de CES.
Se constituyeron los comités técnicos que trabajarán en los requerimientos para riesgos sísmicos y de cambio climático de la futura versión CES + Resiliencia.
El desarrollo de la nueva herramienta CES + Resiliencia, resultado de un trabajo de colaboración entre Certificación de Edificio Sustentable y el Instituto de la Construcción; y pensada para visibilizar y poner en valor estrategias que se incorporen a los edificios de modo de hacerlos capaces de enfrentar los principales riesgos que esperan en los próximos años —los desastres naturales y los eventos extremos del clima—, avanza a paso firme.
Hernán Madrid, jefe de Certificación de Edificio Sustentable, comenta que la idea surge a raíz de combinar tres experiencias importantes. La consultoría sobre Resiliencia y Sostenibilidad en los códigos de construcción en América Latina y El Caribe para el Banco Interamericano BID el año pasado, la exitosa experiencia del IC como secretaria general del Código Modelo Sísmico para América Latina y El Caribe, y la experiencia de CES en administración y desarrollo de certificaciones asociadas a sustentabilidad.
La idea fue aprobada con gran entusiasmo en el Directorio del IC, Directorio de CES y en el Comité Consultivo CES, y se propuso, en consistencia con los recursos disponibles, comenzar con la formación de dos comités técnicos para riesgos sísmicos y cambio climático. El objetivo de estos dos comités técnicos es “plantear las líneas de acción para requerimientos asociados, las metodologías técnicas específicas de evaluación y las necesidades de estudios específicos que deban realizarse”, indica. Es importante tener presente que este trabajo es con miras a una primera versión, la que puede sin duda ampliarse a nuevos temas o riesgos en una segunda etapa.
Primera sesión del comité técnico riesgos sísmicos.
“El foco de los sistemas de certificación siempre es abordar aspectos por sobre los mínimos reglamentarios en la materia, de modo de impulsar y visibilizar su incorporación a los proyectos”, explica Madrid. Por ello, en esta primera reunión se plantearon tres líneas de acción para requerimientos: uno orientado al desempeño sísmico (diseño por desempeño), para que un edificio continúe sus operaciones a pesar de los daños.
Además de cumplir con los estándares mínimos, “queremos que el edificio tenga un desempeño de tal tipo que siga funcionando a la hora después de que ocurrió un terremoto, y entonces requiere que se incorporen, dentro su diseño, algunos otros elementos”, precisa el ingeniero.
Por otra parte, también durante abril se reunió el comité técnico de riesgo cambio climático, con la participación de asesores CES acreditados y entidades evaluadoras CES, representantes de la Dirección de Arquitectura y la Dirección de Aeropuertos del Ministerio de Obras Públicas (MOP), Chile Green Building Council y el Colegio de Ingenieros.
“Para dar inicio al comité de cambio climático, se presenta la necesidad de evaluar el aumento de temperatura proyectado, disminución de lluvias y lluvias concentradas. En base a esto, se levantaron diversas problemáticas, así como también documentación existente asociada a lo que se ha hecho hasta hoy respecto de la resiliencia en la edificación”, comenta Romy Luckeheide, arquitecta de CES.
El trabajo de CES + resiliencia continuará con reuniones periódicas de los comités técnicos, que se llevarán a cabo dos veces por mes.
El proyecto precertificado CES y emplazado en el campus San Joaquín, reúne tanto salas de clases como oficinas y departamentos de atención a universitarios, y se organiza en dos edificios relativamente opuestos e independientes entre sí.
La construcción está emplazada en un terreno de 50 x 50 metros, rodeada por edificios de diversas escalas, por el sur un edificio de aproximadamente 34 metros de alto, por el norte una construcción de un piso de altura y por el oriente un volumen horizontal de aproximadamente 9 metros, lo que deja un frente despejado hacia el poniente, por el que se instalará el acceso principal.
Francisco Palacios, jefe de proyecto de la Subdirección de Planificación y Proyectos Dirección de Infraestructura UC, remarcó durante el recorrido que “la arquitectura también va evolucionando y la universidad no tiene una estandarización tan rígida en términos de diseño, lo que da a los arquitectos la posibilidad de proponer un diseño de estructuras variados. La estandarización, por parte nuestra, va en el orden de los tamaños de las superficies, los temas ambientales, y el tema de la certificación CES, que también es para nosotros, un estándar directo”.
Dos torres
La Torre A se distribuye en 10 plantas de oficinas de 800 m2 cada una, con un núcleo central desplazado hacia un costado, definiendo así dos tipologías de posibles espacios en cuanto a sus proporciones y particiones. Las 25 salas de clases de la Torre B se distribuyen en 7 niveles (un zócalo y 6 niveles superiores) de aproximadamente 700 m2, con un corredor abierto hacia la cara poniente.
En un recorrido para conocer los avances, en el que fue posible constatar que la torre B, que da lugar a las salas de clases, se encuentra completamente terminada y que la torre A está aún en desarrollo. Los profesionales a cargo del proyecto explicaron la importancia de contar con las certificaciones requeridas para que las edificaciones del campus cumplan con los objetivos de la universidad relacionados con sustentabilidad, específicamente la huella de carbono.
“Todas las iniciativas relacionadas con la energía van orientadas para ese lado, aportan a ese a ese número que tiene varias vertientes. La certificación CES ha venido a estandarizar bastante cosas concretas, objetivos medibles”, destacó Palacios.
En el mismo sentido, el arquitecto puntualizó que los estándares que se supervisan son relacionados con el espacio –metro cuadrado por alumno, metro cuadrado por persona en puesto de trabajo– y estándares de climatización, todos con miras a garantizar que las personas se desenvuelvan cómodamente en los espacios que habitan durante su permanencia en las instalaciones. Cabe destacar que son alrededor de 30.000 usuarios los que se verán beneficiados con el Edificio Aulas Las Pataguas.
El nuevo edificio también contempla elementos de inclusión como baños universales, infraestructura para acompañar a estudiantes que requieren algún tipo de apoyo, señalética, entre otros.
En la visita, participaron Francisco Palacios, jefe de proyecto de la Subdirección de Planificación y Proyectos Dirección de Infraestructura UC; José Jodar Reverte de EBP Chile SpA, quien fue el asesor CES de este proyecto; Yanira Morales de la Subdirección de Planificación y Proyectos de la Dirección de Infraestructura UC, y Hernán Madrid, jefe de CES.
Como la culminación de un proceso iniciado en 2016, el edificio Institucional Dirección Regional de Aduanas de Talcahuano logró la certificación CES en septiembre de 2023, con un puntaje sobresaliente. La planificación, las lecturas del espacio y los métodos constructivos permitieron la obtención de un alto nivel.
El proceso para este edificio comenzó en 2016, incorporando nuevas estrategias de eficiencia energética desde el diseño para la precertificación, las que se mantuvieron durante y posterior a la construcción de este proyecto.
El asesor CES en ambas etapas (precertificación y certificación) fue Francisco Pizarro, quien comenta que “fue un trabajo conjunto entre oficina de arquitectura y especialidades en la primera instancia, lográndose la precertificación CES destacada, y continuó años después con una coordinación exhaustiva junto a la empresa constructora y especialistas encargados de la ejecución, para poder lograr el máximo de puntaje posible dadas ciertas complejidades respecto a actualización de equipos y proyectos, después de los años pasados desde el proyecto base”.
Todos los profesionales debieron enfrentar desafíos importantes desde el diseño, ya que se reciclaron dos edificios existentes, un pequeño edificio oficina y un gran galpón posterior, “lo que implicó un importante desafío arquitectónico que lograra no solo satisfacer el programa de Aduanas, sino también entregar un gran estándar de confort lumínico, térmico y visual, para los usuarios”, precisa Pizarro.
En materia de sustentabilidad, las estrategias pasivas se basaron en el aprovechamiento máximo de la iluminación natural, a través de la creación de patios interiores y un diseño de fachada norte completamente abierta, pero con un sistema de celosías para el control solar. También, se incluyó una envolvente térmica de alta eficiencia, que le permitió obtener los puntajes máximos en reducción de la demanda de energía y altos en confort térmico, según cuenta el arquitecto.
Como parte del diseño activo, el edificio considera, entre otros, “un sistema de climatización y ventilación de alta eficiencia que debió adaptarse a las condiciones del galpón inicial, por lo que se distribuyen dentro de closets integrados al diseño arquitectónico, lo que entrega un ejemplo no convencional de solución de climatización”, explica el asesor CES. Asimismo, cuenta con sistema de iluminación artificial de alta eficiencia, que se adapta a las condiciones bases antes mencionadas, logrando el más alto estándar.
Juan Vega, director regional de Arquitectura de la región del Biobío, especifica que el diseño fue aportado por el mandante Servicio Nacional de Aduanas y, previa licitación, se desarrolló una revisión interna con especialistas del nivel central de la DA, los que aportaron sus observaciones de temas a mejorar.
Así, una vez que fue adjudicado, dice que el asesor CES Francisco Pizarro propuso ajustes menores de griferías, inclinación de celosías exteriores y equipos de iluminación, tendientes a elevar los puntales en la precertificación y posterior certificación. “En sumatoria, se logra esta construcción de 72,5 puntos, lo que la califica como un proyecto sobresaliente desde el punto de vista CES”, complementa Vega.
Por su parte, Francisco Pizarro cree que el edificio D.R.A.T. no sólo es un edificio público de excelencia, “sino también un ejemplo perfecto de cómo es posible el reciclaje de edificios de cualquier índole y transformarlos en edificios contemporáneos de primer nivel energético y de confort para sus usuarios”.
Hernán Madrid, resumió los principales avances que ha tenido la versión CES Aeropuertos, que permitirá contar terminales aéreas sustentables en distintas zonas del territorio nacional.
La Certificación de Edificio Sustentable (CES) versión para aeropuertos y aeródromos avanza a paso firme en tres importantes frentes: eficiencia en el uso de aguas, acústica y eficiencia en el uso de energía. Hernán Madrid, jefe de CES, explicó los principales avances realizados recientemente en cada uno de estos ámbitos.
Sobre el uso eficiente de agua, existen tres aristas principales: actualización de artefactos sanitarios y procesos —incluyendo el paisajismo—, reutilización de aguas y captación y reutilización de aguas lluvias, dependiendo del emplazamiento y condiciones climáticas de cada recinto.
“Algo nuevo que se levantó es que existen procesos distintos en un aeropuerto o en otro, que tienen que ver por ejemplo con el lavado de la pista de aterrizaje y el lavado, en algunos casos, de las aeronaves”, indica Madrid, agregando que se está estudiando el uso de aguas recicladas y reutilización de aguas grises para la realización de estas labores, al igual que para la descarga de sanitarios. Asimismo, también se ha avanzado en el estudio del uso del agua recolectada de las lluvias en aquellas zonas donde el clima lo propicia, para minimizar el uso de agua potable en las tareas ya descritas.
El segundo tema, centrado en acústica, contempla la medición de los distintos niveles de ruido que se registran en las tres escalas de recintos aeroportuarios visitadas: aeropuerto, aeródromo y pequeño aeródromo. A su vez, se registraron mediciones de niveles de ruido de diferentes aeronaves: comerciales, privadas, helicópteros, e incluso, aviones militares.
Hernán Madrid explicó que esto ha permitido caracterizar y tener muy definidas las condiciones para la reducción de ruidos de tránsito terrestre y aéreo (aeronaves), “y en este caso, tenemos en el terminal de pasajeros, lado tierra y lado aire, vehículos y aviones, por lo que se ha hecho una caracterización y una propuesta de reducción de ruido aéreo distinta”, señala. Considerando la diferencia de las fuentes, “también se evaluó lo que llamamos un ‘criterio de simultaneidad’, porque en un aeropuerto va a haber más de un avión al mismo tiempo, entonces hay una simultaneidad de ruido que también afecta”, puntualiza Madrid.
El tercer foco, correspondiente al estudio de energía, ha trabajado en las condiciones previas para las evaluaciones, a fin de que permitan caracterizar el movimiento de los distintos terminales aéreos contemplando agenda de uso, cantidad de ocupación, niveles de iluminación, sistemas de ventilación, entre otros factores que influyen en la performance de cada recinto.
Es importante mencionar que la carga de ocupación de aeropuertos y aeródromos está diseñada para ir creciendo en el tiempo, a diferencia de lo que ocurre con un edificio de uso público común, que atiende una cantidad estándar de público (como sucede en un hospital, centro de estudios, entre otros). Al tener que pensar en un número creciente de pasajeros, se debe proyectar la cantidad máxima según lo que dure el periodo de operación o concesión. Para esto, existe un criterio de diseño llamado “la hora 40” o “H 40”, que ordena, de mayor a menor, las horas con su respectiva afluencia de usuarios, hasta llegar a la hora 40, que alcanzaría el peak. “Ha sido una discusión importante, pero ya estamos de acuerdo y ahora se está trabajando en las simulaciones energéticas específicas para poder definir los rangos de mejora en cada uno de los tipos de zonas climáticas y tipo de escala de aeropuerto”, concluye Madrid.
Finalmente, el ingeniero detalla que los pilotos están avanzando sobre todo en tres terminales: el aeródromo Teniente Rodolfo Marsh Martin de la Antártica; el aeródromo de Puerto Natales, Teniente Julio Gallardo y el aeródromo La Florida, de La Serena, aún en etapa de licitación.
Conversamos con el arquitecto reconocido en los Premios CES 2023 como uno de los Profesionales Destacados, quien ya había participado en una ceremonia anterior, por el diseño del Centro de visitantes Santuario Santa Inés de Minera Los Pelambres, reconocido en la categoría Proyecto Prefertificado.
Con satisfacción y una cierta sorpresa, declara el arquitecto Teodoro Fernández L. haber recibido el Premio CES 2023 como Profesional Destacado. “Si bien cuando se enfrenta un trabajo no se hace pensando en algún premio, en este caso, postular al premio CES es un argumento objetivo de las bondades del proyecto para el mandante, y en ese sentido, un aliciente para llevar adelante el proyecto”, opina.
Por otra parte, “los Premios CES están destinados a las obras y a los mandantes, por lo que sí me sorprendió recibir el de Profesional Destacado. Se agradece”, añade el profesional que ha sido merecedor de otros reconocimientos, como el Premio “Fermín Vivaceta” (2002); Reconocimiento a la Excelencia Académica (2008); Premio Internacional Reina Sofía de Patrimonio Cultural por Centro Cultural Estación Mapocho (2008); Gran Medalla AOA (2013); Premio Nacional de Arquitectura (2014) y Miembro de Honor del American Institute of Architects (Hon. FAIA), Estados Unidos (2016).
Y es que, a su juicio, “hay diferentes premios: los premios a proyectos en concursos son aquellos a los cuales se postula para poder realizar determinadas obras, básicamente obras públicas o de relevancia, permiten la realización de las obras, y el afianzamiento de una carrera profesional. Por otra parte, los premios a los que no se postula, son esos ‘verdaderos premios’, como en este caso de Profesional Destacado CES, son sobre todo argumentos para los mandantes, señales que están en el camino correcto, que valen la pena los esfuerzos por mejorar la calidad de los proyectos y obras”, puntualiza.
En ese sentido, ¿cómo ve la construcción sustentable en el país?
Es un tema que cobra cada vez más relevancia. Por otra parte, no se debe separar del avance de la arquitectura y del esfuerzo de los arquitectos, escuelas de arquitectura y organismos públicos y otros, que han puesto una visión integral respecto al territorio, y el desarrollo de la arquitectura, así como temas como el cambio climático y la economía en la sociedad.
Desde su visión, ¿qué cree que falta para que más arquitectos se motiven a participar de la construcción sustentable?
Veo que cada vez más arquitectos están interesados en el desarrollo del tema, y en aplicar los parámetros de sustentabilidad en forma integral a los proyectos, como lo propone CES.
El hecho que los Premios CES vayan dirigidos al mandante y a la obra y no específicamente a los arquitectos, es un excelente argumento que tenemos los arquitectos para convencer al mandante, que al final es el que pone los recursos, que vale la pena el esfuerzo de tener una mirada global y de una arco temporal amplio de la vida de la obra para lograr una economía real en la construcción. Es decir, no sólo el costo material inicial de la obra, sino también el costo ambiental anterior, desde la extracción y costo de los materiales, huella de carbono, sino que el ciclo completo, costo de su mantención y confort.
Por ello, el galardonado profesional concluye que “ojalá en CES se posicionara en un futuro cercano de una manera similar a como todos, arquitectos y organismos públicos, entendemos la necesidad de responder a normas diversas incorporadas como básicas de la construcción, como son por ejemplo, las de accesibilidad y cálculo estructural”.
Por Vittorio Tronci, jefe de la Unidad de Edificación de Ciudades del Ministerio de Energía
Como Ministerio de Energía, estamos trabajando en la implementación de la Ley de Eficiencia Energética, la cual en sus artículos 3 y 4 referidos a edificaciones, presenta desafíos significativos, especialmente en lo que respecta a la certificación de construcciones existentes.
Actualmente, la Calificación Energética de Viviendas sigue siendo un instrumento voluntario y entrará en vigor con la ley, una vez se cumplan los tiempos de toma de razón por la Contraloría. Sin embargo, la obligatoriedad aplicará a los edificios nuevos que incluyan publicidad de venta, sin considerar las edificaciones antiguas o existentes, lo que representa un desafío en el marco normativo.
Como institución, queremos avanzar generando proyectos demostrativos para la renovación energética del parque construido. En ese sentido, uno de los referentes más exitosos ha sido el Programa Mejor Escuela, que busca mejorar el acondicionamiento térmico de las escuelas y liceos de Chile con eficiencia energética.
Con un presupuesto de 19 mil millones de pesos, financiados por un fondo de infraestructura verde de la Dirección de Presupuestos (Dipres), este proyecto se ha transformado en un referente en la renovación energética de edificios existentes, respondiendo transversalmente a muchos de los temas que están considerados tanto en la Ley de Eficiencia Energética, como en los acuerdos establecidos dentro de la Agenda de Energía, que es la hoja de ruta de nuestro quehacer institucional.
Mediante la mejora de la envolvente térmica y la incorporación de atributos de eficiencia energética, Mejor Escuela, busca elevar los estándares de construcción y fomentar la competencia en el sector, con un impacto directo en mejorar la calidad de vida de las y los estudiantes de educación pública.
Un punto clave de este trabajo es la colaboración con la Certificación de Edificio Sustentable (CES), donde el Ministerio busca certificar al menos dos escuelas como pilotos de la nueva versión enfocada en edificaciones existentes. Este paso demuestra un compromiso con la certificación de construcciones, superando incluso las brechas normativas.
Es así, que, como Ministerio de Energía, no solo cumplimos con los requisitos establecidos, sino que también estamos liderando el camino hacia estándares superiores en la eficiencia energética de las edificaciones en nuestro país.
El director general de Obras Públicas se refiere a la importancia que le da el MOP a la sostenibilidad y los avances que se esperan para este año desde el área que dirige.
Durante su gestión, ha puesto un marcado foco en la importancia de la sustentabilidad, porque ésta “juega un rol fundamental relacionado con el devenir presente y futuro de la construcción pública en el país”.
Para darle curso a estos desafíos, el MOP creó la División de Infraestructura Sustentable, teniendo por foco aportar al desarrollo de las obras públicas mediante directrices e implementación práctica de criterios sostenibles en contratos de infraestructura. “Esto permite incorporar un enfoque territorial y resiliente a nuestro quehacer, con legitimidad social, resguardo ambiental y eficiencia en el uso de los recursos públicos”, explica Olguín.
Para este 2024, uno de los principales desafíos de la División es la actualización del Plan de Cambio Climático e Infraestructura, “lo que va a permitir avanzar en temas de economía circular, huella de carbono e infraestructura verde”, adelanta la autoridad.
Por otra parte, el MOP a través de sus servicios ejecutores exhibe relevantes avances, destacando la Certificación Edificio Sustentable (CES). “En la actualidad, tenemos 75 edificios públicos con este sello y 186 diseños precertificados, principalmente a partir de los esfuerzos, en este sentido, desplegados por la Dirección de Arquitectura. Además, estamos trabajando en la misma línea de certificación CES con la edificación aeroportuaria a cargo de la Dirección de Aeropuertos a nivel regional”, especifica.
Francis Pfenniger, Boris Olguín y Loreto Wahr en los Premios CES 2023.
¿Por qué decidieron trabajar con CES en una versión para certificar los aeropuertos nacionales?
Actualmente, existe una Certificación Edificio Sustentable para hospitales y otros edificios de uso público, iniciativa que ha sido impulsada por la Dirección de Arquitectura del MOP.
Sin embargo, no hay una herramienta que considere el comportamiento ambiental de las instalaciones aeroportuarias del país. Por esto, y considerando la normativa nacional e internacional, en la Dirección de Aeropuertos decidimos realizar un estudio que nos permita establecer una certificación de sustentabilidad específica para este tipo de infraestructura.
Hoy estamos en una etapa de diagnóstico, y a mediados de 2024 pretendemos disponer los antecedentes al sistema CES que permitan ajustar los requerimientos de energía, agua y acústica a la realidad aeroportuaria de Chile. A su vez, hacia fines del próximo año ya debiéramos establecer una primera versión de los nuevos requisitos CES para aeropuertos, la que contará con una segunda edición durante 2025.
¿Qué proyecciones ve para la sustentabilidad de las obras públicas?
Estamos trabajando en distintas líneas para hacer cada día más sustentables nuestras obras. El 2024 estaremos enfocados en actualizar el Plan de Cambio Climático para la Edificación e Infraestructura Pública, lo que establecerá una hoja de ruta para aumentar la resiliencia de los territorios frente a los impactos del cambio climático y, además, aportar a los compromisos del país en materia de carbono neutralidad a través de la reducción de emisiones. Esto se realizará con la participación activa de distintos actores, tanto del sector público como privado, academia y comunidades.
Esto implica un compromiso firme con el desarrollo de infraestructura resiliente, a través de la incorporación de nuevas metodologías de diseño que consideren proyecciones de cambio climático, asegurando que pueda soportar las condiciones futuras más adversas, como sequías, inundaciones por lluvias intensas y deshielo de glaciares, marejadas, entre otros.
¿Cómo avanzan en iniciativas específicas?
Estamos avanzando en pilotos, como por ejemplo, el puente Bicentenario en Concepción, en donde destacan jardines verticales para absorber CO2, reutilización de aguas lluvias, pantallas acústicas y accesibilidad universal, entre otros elementos. En la reconstrucción de puentes que se vieron afectados por los eventos de inundaciones en el invierno 2023, la Dirección de Vialidad está rediseñándolos con criterios de cambio climático, considerando las proyecciones de caudales futuros.
En Servicios Sanitarios Rurales, estamos incorporando paneles fotovoltaicos, lo que conlleva una energía más amigable y que implica menos recursos para la comunidad. En infraestructura portuaria estamos trabajando en ajustar los criterios de diseño para el nuevo clima de oleaje, habilitando espacios seguros y accesibles en bordes costeros. En pavimentos, tanto de obras viales como aeroportuarias, estamos reciclando material de fresado y áridos, generando ahorros significativos en términos de plazos, económicos y ambientales.
En definitiva, como Ministerio entendemos que debemos avanzar en hacer nuestra infraestructura y edificación pública, con criterios cada día más sostenibles y amigables con el ambiente y la comunidad.
Otro de los focos que está cubriendo el MOP es la creación de su nueva Política de Sustentabilidad, para lo cual la cartera ha hecho un llamado a diversas instituciones colaboradoras. En el caso del Instituto de la Construcción, el representante es Hernán Madrid, jefe de CES.
El DGOP en el cóctel de fin de año del Instituto de la Construcción.