Edificio de Servicios del Campus Santa Mónica de la UCM alcanza precertificación CES

El proyecto de la Universidad Católica del Maule avanzó hacia la precertificación CES luego de un proceso de asesoría en eficiencia energética que permitió ajustar aspectos de la envolvente, climatización, iluminación y uso eficiente del agua. Cristián Gutiérrez, coordinador de Proyectos del Área de Certificación de B-green Chile, destaca el trabajo conjunto con el mandante, la oficina ODA Arquitectos y las distintas especialidades.

El Edificio de Servicios del Campus Santa Mónica de la Universidad Católica del Maule alcanzó la precertificación bajo el estándar Certificación Edificio Sustentable (CES), luego de un proceso que comenzó inicialmente como una asesoría de eficiencia energética y que, posteriormente, avanzó hacia la certificación del proyecto.

Cristián Gutiérrez, coordinador de Proyectos del Área de Certificación de B-green Chile, explica que el trabajo se inició a partir de un encargo de la oficina de arquitectura ODA para realizar una asesoría de eficiencia energética en un edificio que ya se encontraba en una etapa avanzada de desarrollo.

“Lo interesante es que el proyecto, en su propuesta de diseño, ya incorporaba criterios de eficiencia energética”, señala Gutiérrez. A partir de esa base, el equipo evaluó distintos aspectos activos y pasivos del edificio, tomando como referencia los requerimientos normativos y, específicamente, los considerados por CES, con el objetivo de contar con “un estándar de evaluación efectivo y reconocido”.

De la asesoría energética a la certificación

Durante el proceso se propusieron ajustes en la envolvente del edificio, tanto en aislamiento como en el tipo de vidrio y las protecciones solares.

Tras evaluar estas modificaciones y analizar sus resultados, Felipe Schmidt, arquitecto de ODA Arquitectos, planteó la posibilidad de avanzar hacia la certificación CES, considerando que el trabajo realizado ya se encontraba en esa línea.

“Lo consulta con el mandante, la Universidad Católica del Maule, que aprueba la idea de certificar su edificio y comenzamos a trabajar, partiendo con la inscripción del proyecto y todo lo que implica una certificación CES”, explica Gutiérrez.

Uno de los principales desafíos técnicos estuvo asociado al grado de avance que ya tenía el proyecto al momento de iniciar el proceso. Según Gutiérrez, la coordinación con las especialidades fue el principal reto, ya que fue necesario realizar modificaciones en climatización, iluminación artificial y otros detalles.

“El equipo de especialistas con que contaba el proyecto se sumó al desafío y logramos coordinar de buena manera todas las variables a las cuales optamos”, comenta.

Envolvente, iluminación natural y eficiencia en el uso del agua

Entre las estrategias sustentables incorporadas, Gutiérrez destaca especialmente la optimización de la envolvente. El trabajo priorizó la reducción de la transmitancia térmica o “valor U” tanto en muros como en cubierta y acristalamientos, lo que permitió disminuir la demanda de energía del edificio.

También fue relevante el tratamiento de las protecciones solares en fachada, en conjunto con las características del cristal, con el objetivo de optimizar la calidad de la iluminación natural interior.

A ello se sumó la eficiencia en el uso del agua, mediante la incorporación de artefactos y griferías de alta eficiencia, que permiten reducir considerablemente el consumo de agua potable.

Un trabajo coordinado con el mandante y las especialidades

Gutiérrez describe como fluido el trabajo desarrollado con la Universidad Católica del Maule y el equipo de arquitectura.

A su juicio, esto se debió a que la asesoría inicial había comenzado antes de que se tomara la decisión de optar por CES y ya incorporaba diversos análisis y recomendaciones que forman parte fundamental de la certificación, por lo que “integrar los requerimientos específicos de CES fue un paso natural dentro del trabajo que ya se estaba realizando”, afirma.

Además, se realizaron nuevas reuniones para informar y organizar a las distintas especialidades de acuerdo con la etapa de certificación del proyecto.

Sustentabilidad en proyectos universitarios regionales

Para Gutiérrez, la incorporación de estándares como CES en proyectos universitarios desarrollados en regiones tiene especial relevancia, “ya que permite elevar sustancialmente el confort ambiental en aulas y oficinas, factores críticos para el rendimiento académico y administrativo”.

Añade que la aplicación de estos criterios permite optimizar la eficiencia energética a escala de edificio o campus universitario, lo que se traduce en una reducción significativa de los costos operativos en el largo plazo.

Asimismo, señala que la adopción de estos estándares permite que las universidades regionales se posicionen como referentes en construcción sostenible, promoviendo el bienestar de la comunidad universitaria y fortaleciendo la resiliencia de la infraestructura frente a los desafíos climáticos futuros.

Reposición Museo de Rapa Nui: propuesta que une patrimonio, territorio y sustentabilidad

El proyecto, desarrollado por Z Estudio SpA para el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, es el primer proyecto de Rapa Nui en ingresar al proceso de Certificación Edificio Sustentable. La iniciativa se encuentra en proceso de certificación CES Edificios de Uso Público v1.1 y cuenta con la asesoría de César Osorio, de BSustenta SpA.

La Reposición del Museo de Rapa Nui ingresó al proceso de Certificación Edificio Sustentable, CES, convirtiéndose en el primer proyecto de la isla en avanzar bajo esta herramienta nacional de evaluación de sustentabilidad para edificios de uso público.

El proyecto tiene como mandante al Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, cuenta con arquitectura de Z Studio, unidad técnica de la Dirección de Arquitectura del MOP, asesoría de César Osorio y entidad evaluadora 88 Limitada. La iniciativa se emplaza en la comuna de Isla de Pascua, Región de Valparaíso, y se encuentra en proceso de certificación bajo la versión Pv1.1 – Certificación Edificio Sustentable Edificios de Uso Público Versión 1.1.

El equipo de arquitectura está integrado por Nicolás Vivar, Diego González, Eduardo Tapia y Carmen Benítez, de Z Estudio SpA. Para ellos, participar en el diseño del nuevo museo representa “tanto un desafío como un importante estímulo profesional”, especialmente por tratarse de un proyecto ubicado en un territorio insular como Rapa Nui.

“Creemos que este tipo de certificaciones contribuye a mejorar la calidad de los edificios públicos, promoviendo un uso más eficiente de los recursos y la energía mediante criterios objetivos para evaluar su desempeño”, señala Diego González.

Un museo desde el territorio y la cultura Rapa Nui

Desde el inicio, el equipo arquitectónico abordó el proyecto a partir de la identidad cultural y patrimonial de la isla. Según explica el arquitecto, desde la etapa de concurso tuvieron claro que la propuesta debía “surgir del territorio y de la cultura de Rapa Nui”.

Para ello, estudiaron las formas tradicionales de construir y habitar, la relación con el paisaje, la topografía y las condiciones climáticas de la isla. Todos esos elementos, indicaron, fueron la base de las principales decisiones arquitectónicas.

El equipo también destacó que un museo contemporáneo no se entiende únicamente como un espacio para conservar y exhibir objetos arqueológicos, sino también como “un lugar de encuentro, investigación, transmisión del conocimiento y fortalecimiento de una cultura que permanece viva”.

Siete naves para dialogar con el paisaje

Uno de los criterios patrimoniales más relevantes fue la forma de implantación del edificio. En lugar de concentrar el programa en un único volumen, la propuesta lo fragmenta en siete naves que se adaptan a la topografía y siguen las curvas de nivel.

“Optamos por fragmentarlo en siete naves que se adaptan a la topografía y siguen las curvas de nivel, permitiendo que el edificio dialogue con el paisaje en lugar de imponerse sobre él”, comenta Eduardo Tapia.

El concepto de nave tiene un significado especial: por una parte, reinterpreta el hare paenga, una de las tipologías tradicionales de la arquitectura Rapa Nui; y por otra, evoca la tradición navegante que forma parte de la identidad histórica de la isla.

A ello se suma el uso predominante de la madera, la búsqueda de una escala adecuada al lugar y el diseño de un edificio flexible, capaz de adaptarse a futuras transformaciones. “Aspiramos a una arquitectura que se inserte con respeto en el territorio, entendiendo que el verdadero protagonismo pertenece al paisaje y a la cultura de Rapa Nui”, afirma Tapia.

Sustentabilidad y patrimonio como una misma visión

Desde Z Estudio explican que, en este proyecto, la sustentabilidad y el respeto por el contexto cultural no fueron abordados como objetivos separados, sino como parte de una misma visión de diseño.

“Muchas de las decisiones arquitectónicas responden simultáneamente a ambos principios”, señala Carmen Benitez. Un ejemplo es la organización de las naves, inspiradas en construcciones tradicionales Rapa Nui, con cubiertas que protegen de la lluvia y el sol, favorecen la relación con el exterior e incorporan estrategias pasivas como iluminación natural y ventilación.

La condición insular también fue determinante. La distancia respecto del continente llevó al desarrollo de un sistema constructivo basado en elementos prefabricados y montaje eficiente, facilitando el transporte y la ejecución de la obra.

“Entendemos la sustentabilidad en un sentido amplio: no solo como el desempeño ambiental del edificio, sino también como la forma en que se diseña, se construye y se relaciona con el territorio y la cultura de Rapa Nui”, dice Benitez.

La mirada del asesor CES

La asesoría CES estuvo a cargo de César Osorio, de BSustenta SpA, quien explicó que el trabajo comenzó desde las primeras etapas del diseño, junto al equipo de arquitectura.

“Más que evaluar un edificio ya definido, el objetivo fue acompañar el proceso de diseño para que muchas de las decisiones arquitectónicas también contribuyeran a un mejor desempeño ambiental y energético”, señaló.

Osorio destacó que la condición insular de Rapa Nui hizo especialmente importante considerar el ciclo completo del edificio, desde la construcción hasta su operación, debido a que “el transporte de materiales y la disponibilidad de recursos representan un desafío”.

Entre los elementos más destacados del proyecto, menciona un sistema constructivo simple y predominantemente en madera, facilitando el proceso constructivo en un territorio insular y favoreciendo una menor huella de carbono asociada a la estructura.

Desde el punto de vista ambiental, el proyecto prioriza estrategias pasivas de diseño, como iluminación natural, protección solar y ventilación natural en los espacios donde las condiciones de uso lo permiten. En los recintos que requieren condiciones ambientales controladas, se incorporan sistemas de climatización y ventilación mecánica para mantener niveles adecuados de temperatura y humedad, considerando las necesidades de las personas y los requerimientos de conservación de parte de las colecciones.

Asimismo, el edificio incorpora un sistema fotovoltaico que, según el asesor, “genera gran parte de la energía consumida durante su operación”, contribuyendo a disminuir la demanda sobre la infraestructura energética de la isla.

Una experiencia para futuras obras públicas

Para el equipo de arquitectura, el proyecto deja aprendizajes relevantes para futuras obras públicas sustentables en territorios insulares o patrimoniales. Uno de ellos es que la sustentabilidad debe incorporarse desde las etapas iniciales del diseño y no como una verificación posterior.

“La sustentabilidad y el patrimonio no son conceptos opuestos. La arquitectura tradicional es el resultado de un profundo conocimiento del lugar y de soluciones que, a lo largo del tiempo, han respondido al clima, a la disponibilidad de recursos y a las formas de habitar de cada territorio”, plantea Nicolás Vivar.

Desde la mirada del asesor CES, el proyecto demuestra que la sustentabilidad no depende únicamente de incorporar tecnologías de alta eficiencia, sino de tomar decisiones adecuadas desde las primeras etapas del diseño, considerando las características del lugar donde el edificio será construido y operado.

“Esperamos que este proyecto contribuya a demostrar que es posible desarrollar infraestructura pública de alto estándar ambiental, adaptada a las condiciones locales y con una visión de largo plazo”, concluye Osorio.

Huella Construcción activa su Mesa de Gobernanza en La Araucanía

La primera sesión de la instancia reunió a representantes del sector público, privado, la academia y entidades técnicas para presentar el alcance del proyecto, su estructura de gobernanza y los próximos pasos de trabajo. La reunión se realizó el 12 de mayo de 2026, en modalidad virtual.

Con la participación de representantes de organismos públicos, gremios, academia, sector privado y entidades técnicas, el proyecto Huella Construcción realizó el 12 de mayo de 2026 su primera Mesa de Gobernanza, instancia con la que comenzó formalmente el trabajo de articulación estratégica de esta iniciativa impulsada en el marco de los Bienes Públicos para la Región de La Araucanía. 

Este encuentro tuvo como propósito presentar la visión y el alcance del proyecto, dar a conocer el modelo de gobernanza, definir la forma de trabajo y revisar los próximos pasos. En ese contexto, se recordó que Huella Construcción busca desarrollar una herramienta simplificada, abierta y de libre acceso para la medición de carbono en edificaciones, con piloto regional en La Araucanía.

La bienvenida institucional estuvo marcada por el respaldo de CORFO Araucanía a la iniciativa. Henry Leal Bizama, director regional de CORFO, destacó el compromiso institucional con iniciativas de innovación y descarbonización, la importancia de desarrollar herramientas de libre acceso para el sector construcción, la necesidad de fortalecer la articulación público-privada y el énfasis en propuestas con impacto territorial y generación de empleo. En la misma línea, el SEREMI de Economía de la Araucanía, Carlos Zirotti Rehren, reforzó la relevancia estratégica del proyecto para la región, señalando la necesidad de avanzar hacia iniciativas que combinen sostenibilidad, inversión y desarrollo productivo.

La sesión convocó a representantes de distintas instituciones vinculadas al ecosistema de construcción sustentable y descarbonización. Entre los participantes, estuvieron CORFO, la Cámara Chilena de la Construcción, CDT, el Instituto de la Construcción/CES, EBP Chile, la SEREMI de Economía, la SEREMI de Medio Ambiente, la SEREMI de Vivienda y Urbanismo, la SEREMI de Salud, SERVIU, el Ministerio de Obras Públicas (MOP), la Universidad Católica de Temuco, la Asociación de Oficinas de Arquitectos (AOA) y Constructora Wörner.

Modelo de gobernanza

Uno de los ejes centrales de la reunión fue la presentación del modelo de gobernanza, dado a conocer por Francisca Díaz, coordinadora de Proyectos de Sostenibilidad Ambiental de la CDT de la CChC. 

Este se estructura en tres instancias: un Comité Técnico, responsable de la ejecución y coordinación operativa; una Mesa de Gobernanza, de carácter estratégico y multisectorial, encargada de validar lineamientos generales, articular actores relevantes, alinear expectativas institucionales y apoyar la sostenibilidad y escalabilidad del proyecto; y un Comité Consultivo, como instancia de apoyo técnico especializado. La propuesta considera sesiones bimestrales y modalidad híbrida.

En la conversación final surgieron observaciones y aportes para fortalecer el funcionamiento de la instancia. Entre ellos, la necesidad de incorporar y visibilizar adecuadamente a actores públicos relevantes, especialmente la SEREMI de Salud, equipos vinculados a Huella Chile y otros servicios públicos con competencias sectoriales. También se planteó la conveniencia de definir con mayor claridad el rol esperado de cada institución, junto con contar con minutas formales, bitácoras de avance, seguimiento de acuerdos e información ejecutiva para autoridades.

Como resultado de esta primera sesión, se acordó formalizar la estructura de gobernanza, validar a los actores participantes, convocar una segunda reunión durante la segunda semana de julio de 2026 en modalidad híbrida, y elaborar y compartir la minuta, la presentación del proyecto, una propuesta de roles institucionales y una carta de invitación formal para las próximas sesiones. La futura reunión tendrá entre sus objetivos la validación formal de la gobernanza, la revisión del cronograma detallado, la presentación de avances técnicos y la revisión de la estrategia de comunicación y vinculación.

Visita al Liceo Jorge Teillier de Lautaro releva el valor de medir la sustentabilidad en uso real

En el contexto del proyecto Huella Construcción, representantes de las instituciones vinculadas a la iniciativa visitaron el Liceo Jorge Teillier de Lautaro, ganador del primer lugar del Premio CES 2024, para conocer en terreno estrategias de diseño, operación y medición que aportan al desempeño ambiental del edificio.

La actividad permitió conocer en terreno distintas estrategias incorporadas al proyecto y observar cómo estas decisiones impactan en el desempeño del edificio una vez en operación. Entre los aspectos revisados estuvieron los sistemas de medición, ventilación, iluminación natural, calefacción y materialidad, todos elementos clave para avanzar hacia edificaciones más sustentables y mejor preparadas para enfrentar los desafíos de la descarbonización.

Tatiana Vidal, asesora CES, valoró especialmente la posibilidad de recorrer el edificio y revisar directamente sus soluciones. “Fue muy interesante conocer cómo se implementaron los sistemas y las estrategias incorporadas al proyecto”, señaló, destacando la oportunidad de analizar en terreno medidas vinculadas a la medición de carbono, el uso de sensores en salas de clase y patios cubiertos, y el aprovechamiento de la iluminación natural mediante lucarnas con sistemas de apertura controlada.

En el contexto del proyecto Huella Construcción, impulsado por la Cámara Chilena de la Construcción y CDT, financiado por Corfo Araucanía y coejecutado por CES, a través del Instituto de la Construcción, junto a EBP Chile, se realizó una visita al Liceo Jorge Teillier de Lautaro, establecimiento ganador del primer lugar del Premio CES 2024.

Durante la visita también se revisó el sistema de calefacción del establecimiento, incluidas sus calderas a pellet, así como la incorporación de materiales de bajas emisiones. Para Vidal, estos elementos muestran cómo una propuesta de diseño puede traducirse en mejores condiciones ambientales y operativas para quienes habitan el edificio.

Junto con ello, uno de los puntos más relevantes de la jornada fue conocer la experiencia de uso del liceo desde la voz de sus propios actores. “Lo interesante, aparte de conocer el liceo por la certificación, es verlo en uso y conocer de primera fuente cómo ha funcionado y cuáles son las brechas que todavía quedan para operar el edificio de mejor forma”, comentó la asesora CES.

La visita también permitió relevar el impacto de decisiones asociadas a la eficiencia energética. Según explicó Vidal, uno de los aspectos importantes del proyecto ha sido la reducción en la demanda de energía, gracias a una envolvente eficiente y a soluciones constructivas que aportan al desempeño térmico del establecimiento. En esa línea, destacó además la relevancia de la renovación de aire con recuperador de calor, especialmente en la zona sur del país, donde las bajas temperaturas muchas veces dificultan la ventilación natural. “Es súper importante incorporar renovación de aire con recuperador de calor”, afirmó.

Finalmente, la profesional subrayó el valor de la articulación entre los distintos actores involucrados en este tipo de iniciativas. “Es muy satisfactorio ver a todos los actores relevantes, desde el MOP, CES y la Cámara, hasta las personas del colegio, integrándose para sacar adelante estos proyectos desde todas las aristas”, indicó.

La visita al Liceo Jorge Teillier de Lautaro reafirma la importancia de evaluar los edificios no solo desde su diseño, sino también desde su operación y uso cotidiano. En ese cruce entre proyecto, desempeño y experiencia real, iniciativas como Huella Construcción abren una oportunidad concreta para seguir fortaleciendo la medición, la gestión ambiental y la toma de decisiones informadas en el sector construcción.


Innovación descentralizada: el impacto del CLT en los estándares CES del sur de Chile

Cristóbal Artigas, director ejecutivo de la constructora Artigas, detalla los desafíos climáticos y las ventajas técnicas de emplear madera industrializada en proyectos con alta exigencia ambiental, destacando la reducción de residuos en la obra.

La construcción de infraestructura pública en Chile está viviendo una transformación hacia la sostenibilidad, impulsada por la adopción de sistemas industrializados que contribuyen al cumplimiento de los estándares de la Certificación Edificio Sustentable (CES). Un ejemplo es el trabajo de constructora Artigas en la Araucanía, donde la ejecución de la escuela Pailahueque en CLT (Cross Laminated Timber) y la Biblioteca Regional de la Araucanía en sistemas tradicionales permite relevar las ventajas de la madera masiva frente a los requerimientos de la certificación.

De acuerdo con Cristóbal Artigas, director ejecutivo de la firma, el uso de este material no es solo una elección estructural, sino una estrategia integral: “El uso de CLT ha sido el eje vertebrador para superar los estándares de la certificación CES desde la concepción del proyecto, actuando no sólo como estructura, sino como un componente activo en la estrategia de eficiencia energética y bienestar”.

Optimización de la energía y envolvente térmica

Uno de los pilares fundamentales para obtener un alto puntaje en la categoría de Energía de CES es la transmitancia térmica y la hermeticidad de la envolvente. En este sentido, el CLT, de acuerdo a lo indicado por Artigas, ofrece ventajas competitivas gracias a su fabricación de alta precisión.

  • La combinación de paneles integrados con membranas de control de vapor y lana de roca de alta densidad genera una envolvente con infiltraciones de aire mínimas.
  • El diseño de paquetes constructivos que combinan la masa del CLT con aislantes de alta densidad minimiza los puentes térmicos.

Desafíos técnicos en el clima de la Araucanía

Ejecutar proyectos de madera masiva en zonas con alta humedad y precipitaciones presenta retos que difieren de la construcción tradicional. Durante el invierno en la Araucanía, la humedad relativa suele superar el 80%. Esto obligó a la constructora a implementar protocolos de estabilización higroscópica antes de cerrar los paquetes constructivos para evitar patologías futuras como condensación o proliferación de hongos.

Además, la lluvia constante impactó la curva de productividad, especialmente en un periodo crítico de siete semanas entre junio y agosto. A diferencia de otros materiales, el CLT requiere protección inmediata en sus cortes y uniones durante el montaje para evitar que el agua penetre en las fibras.

Gestión de residuos y reducción de escombros

La certificación CES valora significativamente el manejo de residuos y la reducción del impacto ambiental. El sistema de montaje de precisión del CLT marca una diferencia drástica respecto a los métodos in situ.

  • Reducción de escombros: En la obra de la escuela, se registró una generación de residuos de solo 0,06 m³/m².
  • Comparativa: Este valor representa una reducción de más del 50% frente a una obra tradicional, cuyos estándares oscilan entre 0,21 y 0,27 m³/m², de acuerdo con el Indicador de Productividad Laboral de la Construcción 2025 (IPLC), elaborado por Construye2025, CDT y la Cámara Chilena de la Construcción (CChC).

“La elección del CLT como sistema estructural no es solo una decisión estética o térmica; es una estrategia de industrialización de precisión que impacta directamente en los dos indicadores ambientales del estándar CES”, señala Artigas.

Anatomía de una envolvente de alto desempeño

Para alcanzar los estándares de la certificación CES, la escuela no solo utiliza el panel de madera masiva como estructura, sino que lo integra en un sistema multicapa de alta eficiencia. Esta solución combina la inercia térmica y capacidad higroscópica del CLT con lana de roca de alta densidad y membranas de control de vapor, asegurando una envolvente con infiltraciones de aire mínimas. El sistema se completa con muros cortina que incorporan cristales Low-E, los cuales reducen las pérdidas de calor por radiación en un 40% respecto a un DVH estándar.

Comparativa de impacto ambiental: CLT vs. Sistemas tradicionales

IndicadorConstrucción tradicionalSistema CLT (Escuela Araucanía)Impacto en Certificación CES
Generación de residuos0,21 y 0,27 m³/m² (IPLC, 2025)0,06 m³/m²Reducción de más del 75% de residuos
Precisión de montajeAjustes in situ manualesMecanizado CNC (precisión milimétrica)Minimiza residuos y rectificaciones

Construyendo con ciencia: desde la evidencia a la incidencia

Por Waldo Bustamante, profesor titular Escuela de Arquitectura PUC, investigador adjunto CEDEUS y Premio CES Profesional Destacado 2025.

Con frecuencia damos por sentadas las condiciones en que habitamos, como si la calidad de nuestros edificios y ciudades fuese el resultado natural del paso del tiempo. Sin embargo, gran parte de su progreso tiene origen en el desarrollo científico y en su capacidad de traducirse en soluciones concretas para el entorno construido.

Han sido las crisis —desde los eventos sísmicos hasta las tensiones energéticas y los fenómenos climáticos extremos— las que en gran medida han puesto a prueba nuestras certezas y han impulsado avances decisivos en materiales, técnicas constructivas, normativas y formas de proyectar. Cada mejora en resiliencia estructural, cada avance en confort ambiental o en eficiencia energética, responde a conocimiento acumulado, validado y, muchas veces, acelerado por la urgencia.

En esa trayectoria, la ciencia no solo ha permitido comprender mejor los fenómenos que afectan a nuestras ciudades y sus edificios, sino también anticiparlos y diseñar respuestas más robustas. Reconocer ese vínculo es fundamental: los estándares que hoy consideramos habituales no son casuales, sino el resultado de décadas de investigación, experimentación y aprendizaje colectivo.

Desde la crisis del petróleo de los años 70 (que surge en el contexto de tensiones entre países productores del mundo árabe y naciones consumidoras, provocando una fuerte restricción en el suministro de crudo y un impacto global en los precios y la seguridad energética), el sector de la edificación experimentó un punto de inflexión que transformó profundamente su desarrollo. Lo que comenzó como una respuesta a la crisis señalada, derivó en una articulación inédita entre ciencia, tecnología y políticas públicas, dando origen a estrategias arquitectónicas, normativas, estándares y herramientas de simulación que hoy forman parte del quehacer habitual del diseño.

Gracias a esta convergencia —que integró avances en ciencia de materiales, arquitectura, ingeniería y física de la construcción— los edificios pueden ofrecer, en general, condiciones muy superiores de confort térmico, acústico y visual, incorporando estrategias como el aprovechamiento solar en invierno, la protección en verano y soluciones pasivas como invernaderos, envolventes eficientes, cubiertas vegetales, enfriamiento evaporativo, ventilación natural y otras.

En este contexto se consolida la arquitectura bioclimática, un enfoque que, apoyado en aportes pioneros como los de Victor Olgyay y posteriormente desarrollos de investigadores como Baruch Givoni, propone diseñar en diálogo con el clima para alcanzar confort interior con un mínimo consumo energético. Más que una corriente estilística, se trata de un cambio de paradigma: el edificio deja de concebirse como un objeto aislado que corrige las condiciones exteriores mediante sistemas activos, y pasa a entenderse como un sistema integrado que aprovecha variables físicas y ambientales —tales como radiación solar, viento y ventilación, oscilación e inercia térmica, transferencia de calor y masa— como insumos de proyecto. Este conocimiento, sistematizado científicamente y traducido en herramientas de cálculo y simulación, encuentra en las políticas públicas un vehículo fundamental para su masificación, a través de exigencias normativas y estándares de desempeño. Es así como el diseño arquitectónico se transforma en el espacio donde convergen ciencia y regulación, asumiendo la responsabilidad de materializar, en cada proyecto, no solo eficiencia energética, sino también bienestar interior y calidad ambiental.

Si la crisis del petróleo de los años 70 instaló la eficiencia energética como un imperativo técnico, la triple crisis actual —climática, ambiental y de biodiversidad— redefine el desafío en términos mucho más amplios y exige, a diferencia de entonces, una ciencia profundamente interdisciplinar y transdisciplinar.

Ya no basta con los avances en ingeniería, física de la construcción o ciencia de materiales: comprender y transformar el entorno construido hoy requiere integrar las ciencias del clima —para proyectar escenarios de riesgo y adaptación—, la ecología —para incorporar biodiversidad y servicios ecosistémicos—, y también las ciencias sociales y las humanidades, que permiten entender cómo las personas habitan, perciben y usan los espacios, cómo responden a las políticas públicas y qué barreras culturales o económicas condicionan su implementación.

Informes del Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) han sido claros en señalar que las soluciones efectivas combinan dimensiones tecnológicas y sociales: un edificio altamente eficiente puede fracasar si no considera patrones de uso, inequidades de acceso o dinámicas urbanas. Del mismo modo, estrategias como la densificación, la mitigación de la contaminación atmosférica, la incorporación de infraestructura verde o la electrificación de la climatización no son solo decisiones técnicas, sino también políticas, culturales y territoriales.

En este contexto, la interdisciplinariedad y la transdisciplinariedad no son un ideal académico, sino una condición necesaria para diseñar instrumentos de política pública que sean técnicamente robustos, socialmente viables y ambientalmente pertinentes. Es precisamente en esa convergencia —en que distintas formas de conocimiento dialogan— donde hoy se juega la capacidad de la arquitectura y la planificación para responder de manera efectiva a una crisis que ya no es sectorial, sino sistémica.

En este escenario, la lección es clara: así como la evidencia científica ha sido determinante para transformar la edificación en el pasado, hoy resulta indispensable para diseñar políticas públicas capaces de enfrentar una crisis que es, simultáneamente, climática, ambiental y social.

Este desafío interpela directamente la formación de los profesionales que diseñan nuestras ciudades y edificios. Si el entorno construido se ha convertido en el punto de encuentro entre clima, energía, biodiversidad y vida cotidiana, su enseñanza ya no puede organizarse en compartimentos estancos.

En suma: la arquitectura, la ingeniería y la planificación urbana y regional deben incorporar de manera decidida aportes de las ciencias climáticas, la ecología, las ciencias sociales y las humanidades, formando profesionales capaces de comprender y actuar en contextos complejos.

Porque, en definitiva, diseñar la ciudad para las personas —en un contexto de crisis sistémica— exige pensar y actuar de manera integrada. Es en esa convergencia, entre ciencia, política pública y formación profesional, donde se juega la posibilidad de construir entornos más justos, resilientes y sostenibles.

Certificación CES activa la nueva era de aeropuertos sustentables en Chile

A través de un trabajo conjunto con la DAP del MOP, se definió la hoja de ruta técnica que regirá el diseño de los próximos terminales aéreos, incorporando criterios de sustentabilidad y energías renovables.

En una mañana fresca y activa de jueves, el boulevard norte del Aeropuerto de Santiago se transformó en el escenario para presentar el nuevo Manual CES Aeropuertos. Entre el flujo constante de pasajeros y el sonido ambiente de las turbinas que recordaba la complejidad acústica de estos recintos, el Ministerio de Obras Públicas (MOP) oficializó esta herramienta que permitirá incorporar altos estándares de sustentabilidad en la infraestructura aérea del país.

La actividad, marcada por la “mística” de realizarse en una verdadera “mini ciudad” que no se detiene, sirvió para relevar cómo la arquitectura pública debe responder a desafíos climáticos urgentes.

Pilares del nuevo estándar aeroportuario

El documento establece criterios específicos para evaluar el desempeño ambiental de los terminales, adaptando la metodología CES a las particularidades de estos edificios de alta complejidad. Los puntos clave del manual incluyen:

  • Eficiencia hídrica y energética: Estrategias para reducir el consumo en recintos que operan las 24 horas, los 7 días de la semana y diferenciarlos de aeródromos pequeños que funcionan con frecuencia reducida.
  • Transición energética: Requerimientos específicos para electromovilidad y el uso de hidrógeno verde.
  • Economía circular: Gestión avanzada de residuos de construcción y operación, posicionando a la Dirección de Aeropuertos en la vanguardia del MOP en esta materia.
  • Calidad ambiental interior: Foco en la iluminación natural y un aislamiento acústico superior para el bienestar de funcionarios y pasajeros.
  • Infraestructura verde: Incorporación de techos vegetales, jardines verticales y parques interiores con especies de bajo consumo hídrico.

Visión de los protagonistas

El desarrollo del manual fue impulsado por la Dirección de Aeropuertos del MOP y contó con la participación técnica de Certificación Edificio Sustentable (CES), consolidando un trabajo colaborativo de años entre el mundo público y privado.

Ricardo Fernández, presidente de CES, destacó el valor estratégico del instrumento: “Hoy no solo presentamos un manual, sino el resultado de un trabajo riguroso desarrollado junto a la Dirección de Aeropuertos. Incorporar la infraestructura aeroportuaria tiene un significado estratégico, porque estos edificios son puertas de entrada al país y plataformas de alto consumo energético que requieren estándares ambientales cada vez más exigentes”.

Por su parte, el exsubsecretario de Obras Públicas, Danilo Núñez, (administración anterior) enfatizó el cambio de paradigma: “Los aeropuertos hoy funcionan como verdaderas mini ciudades. Este manual representa un salto importante para avanzar hacia terminales más eficientes y alineados con los desafíos ambientales del país”.

El futuro de la red aeroportuaria

La exdirectora nacional de Aeropuertos del MOP, Claudia Silva, recordó que este anhelo comenzó a gestarse hace años para beneficiar a las próximas generaciones. “Este manual nos entrega una herramienta concreta para que los proyectos aeroportuarios sean lo más sustentables posible”.

Actualmente, la hoja de ruta ya es una realidad en diversos puntos del territorio:

  • Los proyectos de aeródromos en Puerto Natales, Concón y Teniente Marsh en la Antártica ya se encuentran precertificados. 
  • Los nuevos aeropuertos Andres Sabella (Antofagasta) y Desierto de Atacama (Caldera) se encuentran inscritos y trabajando activamente en el diseño para incorporar estándares CES
  • Se sumarán próximamente los diseños de los nuevos edificios en Mataveri (Rapa Nui) y el esperado tercer terminal de pasajeros de Santiago, que busca ser uno de los primeros “aeropuertos verdes” de la región.

Con esta versión, CES amplía su impacto en el sistema nacional, consolidándose como la herramienta clave para elevar el estándar de los edificios públicos en Chile y Sudamérica.

Waldo Bustamante: Desafíos de la construcción sustentable para las nuevas generaciones

El ganador del Premio Profesional Destacado CES 2025 advierte que la brecha entre la evidencia científica y el diálogo entre actores del sector es hoy el mayor obstáculo para avanzar hacia ciudades más resilientes.

Para Waldo Bustamante, ingeniero civil mecánico y director del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (Cedeus), el Premio Profesional Destacado CES 2025 fue una sorpresa absoluta. Al reflexionar sobre su labor, enfatiza que su motivación siempre ha sido aportar desde la academia a la creación de políticas públicas que mejoren el bienestar de las personas y generen ciudades resilientes ante el cambio climático.

“Nunca imaginé que recibiría este premio. De hecho, uno dedica sus esfuerzos a contribuir al desarrollo de políticas públicas en beneficio de las personas, sin esperar reconocimientos de este tipo”, explica el profesional y agrega que desde su quehacer en la academia, como profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile, “cuando uno realiza su trabajo, lo hace poniendo todas sus capacidades para lograr los mejores resultados”.

El desafío de la colaboración multiactor

Bustamante sostiene que el desarrollo sustentable en Chile depende de cómo se articulan la industria, el Estado, la academia y los colegios profesionales. Sin embargo, identifica que la principal barrera para una colaboración más fluida es la dificultad para integrar la base científica en la toma de decisiones.

Según el académico, “en este proceso, el mayor obstáculo es el no poder transmitir y convencer a las contrapartes en cuestiones básicas que la evidencia científica nos aporta”, y, a su juicio, esta brecha informativa “dificulta el diálogo y retrasa innecesariamente la convergencia en acuerdos para avanzar”.

Evolución de los estándares térmicos en Chile

Con una trayectoria que se remonta a las primeras discusiones de reglamentación térmica en 1991, Waldo Bustamante ha sido testigo y protagonista de la evolución normativa del país. El experto destaca hitos clave en este camino:

  • Año 2000: Incorporación de exigencias para cielos de viviendas.
  • Año 2007: Establecimiento de estándares para muros, ventanas y pisos ventilados.
  • Noviembre 2025: Incremento de requisitos en la envolvente, incluyendo pisos sobre terreno y criterios de hermeticidad al aire.

Bustamante subraya que, por primera vez, se suman de forma relevante las edificaciones de salud y educación a estas exigencias, lo que representa un avance significativo para edificios de alta ocupación. No obstante, advierte que aún falta transitar hacia un “modelo prestacional” que evalúe el desempeño global del edificio y no solo sus componentes aislados.

El horizonte de la energía neta cero

Respecto a la posibilidad de alcanzar viviendas de energía neta cero en el territorio nacional, el director de Cedeus es categórico: es técnicamente viable desde el norte grande hasta Punta Arenas. Para lograrlo, propone una combinación de tres pilares:

  1. Uso de envolventes térmicas de alto estándar.
  2. Aplicación de criterios arquitectónicos de diseño pasivo.
  3. Integración de sistemas de generación fotovoltaica y solar térmica.

Aunque reconoce que el costo de ciertas tecnologías —como vidriados avanzados— es hoy una brecha, espera que estos valores disminuyan con el tiempo, tal como ocurrió con el doble vidriado hermético (DVH).

Hacia una visión sistémica: Edificio, barrio y ciudad

De cara al futuro, Bustamante insta a la Certificación Edificio Sustentable (CES) a seguir privilegiando el diseño arquitectónico pasivo como base fundamental antes de recurrir a sistemas activos. Asimismo, ve en CES un actor clave para la creación de un futuro código de edificación sustentable en Chile.

Finalmente, el destacado profesional hace un llamado a las nuevas generaciones a no mirar el edificio como una pieza aislada: “Edificación, barrio y ciudad conforman un solo sistema inseparable”, explica. En su visión, los nuevos profesionales deben formarse con una mirada interdisciplinaria para construir entornos que garanticen confort térmico, eficiencia energética e inclusión social.

“Solo así será posible formar profesionales capaces de comprender la complejidad urbana y de aportar a la construcción de ciudades más justas, sostenibles y humanas”, remata.

JUNJI: Una inversión estratégica y sustentable premiada por CES

La Junta Nacional de Jardines Infantiles recibió el Premio CES a la Política Pública Destacada 2025, validando su compromiso con ambientes saludables y eficientes que inciden directamente en el bienestar y la experiencia educativa de miles de niñas y niños.

El pasado 30 de septiembre, la Junta Nacional de Jardines Infantiles (JUNJI) fue reconocida con el Premio CES a la Política Pública Destacada. Este galardón celebra la decisión institucional de incorporar el estándar de la Certificación Edificio Sustentable (CES) como un sello propio y obligatorio en su infraestructura, demostrando que la edificación pública puede y debe liderar el camino hacia la sustentabilidad en Chile.

En ese contexto, conversamos con Daniela Triviño Millar, vicepresidenta ejecutiva de JUNJI, para quien “recibir este galardón representa un reconocimiento al compromiso sostenido de la Junta Nacional de Jardines Infantiles con el desarrollo de infraestructura sustentable y con la mejora continua de la calidad de los espacios educativos”.

Para Triviño, el Premio CES es mucho más que un trofeo: es la validación de un esfuerzo sostenido por mejorar la calidad de los espacios educativos y construir infraestructura con enfoque ambiental, social y educativo.

Esta decisión ha convertido la certificación en una “herramienta concreta” que refleja una visión de largo plazo: la de ofrecer ambientes que sean saludables, eficientes y sostenibles, donde las niñas y niños puedan crecer, aprender y desarrollarse plenamente. Al convertirse en un sello propio, CES no solo guía la construcción de nuevos jardines infantiles, sino también la reposición de la infraestructura existente.

Costo-eficiencia a largo plazo

Uno de los principales desafíos fue la justificación económica, especialmente ante el Ministerio de Hacienda, considerando que la inversión inicial en proyectos CES es mayor, si bien el ahorro operativo es un beneficio clave. La gestión presentó una argumentación estratégica de costo-eficiencia a largo plazo, considerando que:

  • La inversión inicial se presenta como una medida que genera retornos sostenibles en el tiempo.
  • La durabilidad de las edificaciones CES reduce los gastos de mantenimiento.
  • Se puso en valor el impacto social de la política, destacando cómo los ambientes confortables y saludables influyen directamente en la asistencia, el bienestar y la experiencia educativa.

“De este modo, la sustentabilidad fue abordada no como un gasto adicional, sino como una inversión estratégica en la calidad educativa y en la eficiencia del gasto público”, señala la vicepresidenta.

Contribución a las metas climáticas nacionales

La política de infraestructura sustentable de JUNJI también juega un rol fundamental en el avance de Chile hacia la carbono neutralidad y una construcción más resiliente.

La autoridad de la JUNJI destaca la alineación de la institución con los compromisos nacionales e internacionales de mitigación del cambio climático, específicamente con las metas de la Estrategia Climática de Largo Plazo y la Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC).

Al adoptar CES, JUNJI promueve:

  • Edificaciones con mayor eficiencia energética.
  • Menor huella de carbono.
  • Un uso racional de los recursos naturales.

“Esto implica una reducción directa en las emisiones asociadas a la operación de los jardines infantiles y una contribución tangible al avance del país hacia una construcción pública sustentable, que integra criterios de bienestar, eficiencia y resiliencia frente al cambio climático”, resalta Triviño.

El jardín como tercer educador: más allá de las métricas

Si bien el consumo de energía y agua son métricas clave, JUNJI busca medir el impacto de la política en el bienestar y aprendizaje, bajo la premisa de que “la infraestructura educativa no solo alberga los procesos de aprendizaje, sino que también enseña por sí misma”.

Actualmente, no se cuenta con un mecanismo de evaluación cualitativa y cuantitativa ya consolidado. Sin embargo, la institución se prepara para iniciar la medición con el primer edificio con certificación CES.

Los aspectos que se comenzarán a evaluar son:

  • La percepción de confort térmico.
  • La iluminación natural.
  • La calidad del aire interior.
  • El bienestar general de niñas, niños y equipos pedagógicos.

Además de las mediciones directas, la infraestructura sustentable promueve actividades de sensibilización y educación ambiental, fortaleciendo la conciencia ecológica en las familias y los propios equipos. Todos estos factores contribuyen a un entorno educativo “más saludable, equitativo y coherente con los principios de desarrollo sostenible”, a juicio de Triviño.

Los próximos pasos: desempeño post-ocupación y expansión

Con la certificación ya establecida como un requisito para los nuevos proyectos, la JUNJI tiene claros los siguientes pasos para la evolución de esta política. El foco ahora se dirige a la evaluación del desempeño post-ocupación, un paso fundamental para medir el comportamiento real de los edificios una vez que están en uso y, de este modo, retroalimentar el diseño de futuros proyectos.

“Para ello, JUNJI está explorando la aplicación de criterios CES en infraestructura existente, mediante programas de mejoramiento que integren eficiencia energética, confort ambiental y participación comunitaria”, cuenta Daniela Triviño.

Este trabajo se inició en colaboración con el Ministerio de Energía, a través de un convenio que busca aplicar la experiencia ministerial en otros organismos públicos. Un proyecto financiado por dicha cartera está próximo a ejecutarse en un establecimiento antiguo, donde se optimizará la eficiencia energética. Tras la ejecución de esta iniciativa, se aplicará un instrumento desarrollado por el Ministerio de Energía que permitirá “evaluar cualitativa y cuantitativamente la ejecución de la obra y su impacto en los espacios sustentables en la vida cotidiana de las comunidades educativas”.

De esta forma, JUNJI busca consolidar una política integral de infraestructura sustentable que no solo se enfoque en las reposiciones o nuevas construcciones, sino que también fortalezca el parque educativo existente, asegurando condiciones óptimas de aprendizaje y bienestar para todas las comunidades educativas del país.

El desafío de la construcción en el extremo sur 

El proyecto del complejo deportivo 18 de Septiembre, construido por Bravo Izquierdo no solo constituye una infraestructura deportiva notable, sino también un legado de eficiencia energética y gestión de recursos que marca el camino para futuras construcciones en Chile.

El extremo sur plantea desafíos y oportunidades tan complejos como estimulantes para el sector construcción, dado el carácter único del clima que distingue a la zona. Así, el Complejo Polideportivo 18 de Septiembre, emplazado en el barrio homónimo de la ciudad de Punta Arenas, se erige hoy como un símbolo de que construir con estándares de sustentabilidad no es un desafío futuro sino una realidad de hoy.

El coordinador de Gestión y Sostenibilidad de la constructora Bravo Izquierdo, Raimundo Bravo, relata que el desarrollo de este proyecto representó “un desafío único y una oportunidad de demostrar nuestra capacidad para llevar a cabo proyectos complejos en condiciones difíciles”, pues la empresa cuenta con más de 50 años de experiencia haciendo frente a las particularidades del clima chileno. 

“Nuestra presencia en la región desde 1984 nos ha permitido establecer un conocimiento profundo de las condiciones locales, lo que fue fundamental para el éxito de este proyecto”, detalla.

¿Cuál fue el objetivo principal del proyecto y qué lo hace especial para la comunidad?El objetivo principal fue construir una infraestructura deportiva de calidad, accesible y sustentable que pudiera ser un punto de encuentro para la comunidad del barrio 18 de Septiembre. Lo que lo hace especial es que, al estar ubicado en una zona histórica de la ciudad, refleja el esfuerzo colectivo de los residentes, quienes desde sus inicios han trabajado de manera autogestionada para mejorar su entorno. Este centro deportivo se convierte en un símbolo de progreso y cohesión para un barrio que ha sido testigo de constantes desafíos y transformaciones. Además, al incorporar estándares de sostenibilidad y eficiencia energética, el proyecto responde y fortalece las necesidades actuales de la comunidad, además de establecer un legado para futuras generaciones.

¿Qué aspectos del diseño y la construcción fueron clave para cumplir con los requisitos CES?

Los aspectos claves en este proyecto fueron la eficiencia energética, la gestión del agua y los materiales y la calidad del ambiente interior. El diseño se centró en optimizar el consumo de energía, incorporando soluciones innovadoras para la iluminación, ventilación y aislamiento térmico, lo cual es esencial en un clima tan frío como el de Punta Arenas. Además, se priorizó el uso de materiales locales y reciclables, minimizando el impacto ambiental del proyecto.

Un tema no menor fue implementar un programa de seguimiento y control de materiales y residuos en la obra, proceso clave para garantizar la sostenibilidad del proyecto. Para lograrlo, Bravo Izquierdo estableció rigurosos procedimientos que garantizaran el correcto almacenamiento, utilización y gestión de los materiales. “La segregación y el reciclaje de residuos fueron fundamentales en cada etapa de la obra. Aunque aún es un desafío la gestión de residuos en la industria de la construcción, esta experiencia fue muy positiva ya que se hizo posible el reducir el impacto ambiental, contribuyendo a una construcción más sostenible”, comenta el profesional.

Uno de los principales desafíos técnicos del proyecto fue garantizar que la infraestructura cumpliera con los requisitos de eficiencia energética, considerando las condiciones climáticas extremas de Punta Arenas. El aislamiento térmico y las soluciones para la calefacción y ventilación fueron fundamentales en este proceso. “Además, el clima extremo también presentó dificultades logísticas, como el transporte de materiales, pero gracias a nuestra experiencia en la región, pudimos superar estos obstáculos”, explica.

Para Bravo Izquierdo, la aplicación de la certificación CES fue un proceso acucioso en términos de tiempo y recursos, pero completamente alcanzable, “especialmente por nuestra experiencia en proyectos del MOP”, indica Bravo y añade que incorporaron nuevas mediciones a sus estándares, “pues creemos que este tipo de certificación es muy valiosa a largo plazo”.

¿Cómo ven la importancia de la certificación CES para la industria de la construcción en Chile?

La certificación CES es de gran importancia para la industria de la construcción en Chile, ya que impulsa la construcción de edificios más sostenibles, eficientes y responsables con el medio ambiente. La demanda de proyectos sustentables está en constante crecimiento, y contar con una certificación reconocida permite a las empresas destacarse y ser más competitivas en un mercado que valora cada vez más la sostenibilidad, y fomenta una cultura de construcción más consciente de los recursos y el impacto ambiental.

¿Qué mensaje le darían a otras constructoras o mandantes que están evaluando certificar proyectos con CES?

A otras constructoras y mandantes les diríamos que la certificación CES es una inversión a largo plazo que no solo mejora la calidad de los proyectos, sino que también fortalece la reputación de la empresa como responsable y comprometida con la sostenibilidad. Aunque el proceso puede requerir un esfuerzo adicional, los beneficios en términos de eficiencia operativa, ahorro de recursos y el reconocimiento en el mercado lo hacen altamente valioso. Los invitamos a sumarse a esta tendencia de construir con conciencia ambiental y ser parte del cambio hacia un sector más sustentable.