Edificio UNAB Echaurren: sostenibilidad, control y calidad en obra bajo el estándar CES

El proyecto de la Universidad Andrés Bello, ubicado en la comuna de Santiago, obtuvo el nivel Certificado de CES con 43,5 puntos, registrando 32% de ahorro de energía, 31% de reducción de emisiones de CO₂ y 63% de reducción de consumo de agua. Desde Constructora Bravo Izquierdo, Andrés Ardila, jefe del área de Calidad, destaca los aprendizajes del proceso y los desafíos técnicos de la escalera prefabricada y el muro verde del edificio.

El Edificio UNAB Echaurren, mandatado por la Universidad Andrés Bello, obtuvo la Certificación Edificio Sustentable CES en nivel Certificado, el 13 de abril de 2026, con un puntaje de 43,5 puntos. El proyecto, ubicado en la Región Metropolitana, comuna de Santiago, fue desarrollado por 2 Estudio Arquitectos, con la Dirección de Infraestructura de la casa de estudios como unidad técnica, la asesoría de Nathalie Jaimes y evaluación de IDIEM, tanto en precertificación como en certificación.

Para Constructora Bravo Izquierdo, empresa a cargo de la construcción del edificio, el trabajo con el estándar CES se vinculó directamente con prácticas ya instaladas en su gestión interna. Así lo señala Andrés Ardila, jefe del área de Calidad de la constructora y uno de los gestores relevantes para llevar a cabo la certificación: “En nuestro caso, Bravo Izquierdo ya cuenta con un Sistema de Gestión implementado, por lo que muchos de los requerimientos asociados a la certificación CES ya formaban parte de nuestra forma de trabajar y de los controles que se aplican habitualmente en obra”.

En ese sentido, el proceso no implicó un cambio en la forma de trabajo, sino un esfuerzo especial en la implementación en terreno. “Más que generar un cambio completo en la estructura de trabajo, el principal desafío estuvo en la implementación y en reforzar la conciencia en terreno respecto a la importancia de estos estándares durante la ejecución del proyecto”, agrega Ardila.

El jefe del área de Calidad también subraya que CES exige mantener una gestión rigurosa durante toda la obra. “La certificación exige una coordinación constante entre especialidades, control documental, trazabilidad y cumplimiento técnico, por lo que fue clave mantener una gestión ordenada y un seguimiento permanente durante la obra. Lo que nos permitió fortalecer la cultura de sostenibilidad y calidad en terreno, incorporando una mirada más integral sobre eficiencia, control y desempeño del edificio”, sostiene.

Consultado por las diferencias territoriales al construir edificios certificados, Ardila compara la experiencia del Edificio UNAB Echaurren, en Santiago, con el Polideportivo 18 de Septiembre, en Punta Arenas. “Sí, existen diferencias importantes dependiendo de la ubicación del proyecto. En el caso del Polideportivo 18 de Septiembre en Punta Arenas, las condiciones climáticas representan un desafío importante durante la construcción, especialmente por las bajas temperaturas, el viento y las complejidades logísticas asociadas al transporte de materiales”, indica.

Añade que, “en comparación con Santiago, se requiere una planificación mucho más rigurosa para asegurar continuidad en la ejecución y cumplimiento de los estándares exigidos por la certificación. Estas diferencias territoriales obligan a adaptar soluciones constructivas, coordinación y control de obra según las condiciones particulares de cada proyecto”.

En el caso específico del Edificio UNAB Echaurren, Ardila identifica como uno de los principales desafíos la incorporación de los estándares de sostenibilidad en la operación cotidiana de la obra: “Uno de los principales desafíos del edificio UNAB Echaurren fue lograr implementar de manera efectiva los estándares de sostenibilidad y control asociados a la certificación CES dentro de la dinámica diaria de la obra”, ratifica. Si bien la empresa ya contaba con un Sistema de Gestión consolidado y muchos de estos requerimientos ya formaban parte de la forma habitual de trabajo, “fue necesario reforzar la implementación en terreno, la coordinación entre especialidades y la conciencia respecto a la importancia de estos estándares durante toda la ejecución del proyecto”, sostiene.

Como aprendizaje, el proceso permitió consolidar prácticas asociadas a la planificación, la trazabilidad y el control. “Fortalecimos la importancia de la planificación temprana, la trazabilidad documental y el control permanente en terreno, entendiendo que la coordinación entre diseño, ejecución y calidad es fundamental para cumplir correctamente con los objetivos de sostenibilidad y desempeño del edificio”, afirma.

Elementos destacados

Entre los elementos constructivos más distintivos del proyecto destacan la escalera y el muro verde, ambos con desafíos técnicos y logísticos relevantes. Sobre la escalera, Ardila explica: “Fue desarrollada mediante elementos prefabricados, principalmente para optimizar los tiempos de ejecución del proyecto. Uno de los mayores desafíos fue la planificación logística, asegurando que cada tramo llegara en el momento correcto según el avance de la obra”.

“La instalación también fue especialmente compleja, ya que se realizó mediante grúa pluma, requiriendo movimientos muy precisos para posicionar cada tramo de escalera en su ubicación exacta y lograr el correcto calce entre elementos. Además, la escalera fue propuesta y posteriormente rediseñada para cumplir con los estándares de cálculo y requerimientos del proyecto”, detalla.

Respecto del muro verde, el profesional destaca su aporte al consumo hídrico y a la identidad visual del edificio. “Este también tuvo un componente técnico muy interesante, ya que funciona mediante un sistema de reutilización de aguas lluvias del edificio. Las aguas recolectadas se almacenan en un estanque y posteriormente son utilizadas para el riego automático y por goteo del muro vegetal”, señala.

“Adicionalmente, el exceso de agua generado por el sistema vuelve a recuperarse y reutilizarse, permitiendo optimizar el consumo hídrico y controlar las pérdidas de agua. Más allá de su funcionalidad, el muro verde también aporta un componente visual importante al edificio, transformándose en uno de sus elementos más distintivos”, agrega.

Hacia CES Inmobiliario

Desde la experiencia de Bravo Izquierdo, los estándares de certificación también tendrán un rol creciente en el sector residencial. “Creemos que los estándares de certificación en edificios habitacionales serán cada vez más relevantes, principalmente porque existe una mayor preocupación por la eficiencia energética, el confort de los usuarios y la sostenibilidad de las construcciones. Este tipo de estándares también impulsa mejores prácticas constructivas, mayor control en obra y una mejor calidad final del producto”, comenta Ardila.

Y concluye: “La incorporación de este tipo de certificaciones representa un aporte importante para la construcción, ya que impulsa mejores estándares de planificación, control y ejecución en obra”. 

Además de promover soluciones más sostenibles y eficientes, para Ardila también permite generar mayor conciencia respecto al impacto que tienen las decisiones constructivas en el desempeño de los edificios y en la calidad de vida de las personas. “Este tipo de proyectos demuestra que es posible integrar sostenibilidad, eficiencia y calidad dentro del proceso constructivo, fortaleciendo al mismo tiempo las buenas prácticas en la industria”, afirma.